La solemnidad de Jesucristo Rey del universo concluye el Año litúrgico y nos abre a uno nuevo, que comenzará con el primer domingo de Adviento. Hoy celebramos a Cristo en su divinidad y en su humanidad, como Señor de cielo y tierra, Rey del Universo. Vencedor del pecado y de la muerte, resucitado, ha sido ensalzado y glorificado a la derecha del Padre y desde allí creemos que un día vendrá triunfante y glorioso a juzgar a vivos y muertos. Su invitación es a hacer el bien a todos sin distinción, particularmente a los más pobres, pequeños, débiles o necesitados. Si en ellos lo reconocemos, al final de nuestros días nos reconocerá como se reconoce al amigo, verá su mismo rostro reflejado en nuestras vidas, y nos dirá: “Vengan, benditos de mi Padre, a heredar el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”. En esta esperanza vivimos y caminamos hacia la eternidad de Dios.
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