Los últimos tiempos han destapado el ejercicio de la opinión, especialmente en la redes sociales. Y hay de todo, como en botica. Por ejemplo, cuando se aborda un tema cubano, en especial cuando se hacen señalamientos críticos, algunos reaccionan con el viejísimo e inservible dogma de que el crítico es un enemigo, un mercenario. Algunos llegan a la terrible propuesta de que «debería irse», como si el simple terreno geográfico donde habitamos, fuera una suerte de club exclusivo de un carnet, de un partido o de una tendencia política. Nada nos hace más humanos que la diversidad de expresiones, de gustos, de ideas y puntos de vista. Pero el respeto al otro, la capacidad de oír y aprender de la opinión ajena, incluso de aquellas que no compartimos, nos hace más sabios.
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