Alocución II Domingo de Cuaresma

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial de este 28 de febrero, II Domingo de Cuaresma. Hoy, en todas las iglesias católicas del mundo, se lee el evangelio de Marcos, capítulo 9, versículos del 2 al 10

(EVANGELIO)

Jesús sube a un monte alto, antes ha subido Abraham obedeciendo la difícil petición de Dios y regresa lleno de paz y con la promesa de tener una descendencia como las estrellas del cielo y las arenas de las playas. También Moisés sube al monte para escuchar a Dios, la Alianza de los Diez Mandamientos que el mismo Dios quería establecer con su pueblo. Moisés sube al monte para ver la gloria de Dios y regresa con rostro radiante por haber hablado con su Dios. Sube el profeta Elías al monte Horeb o Sinaí, donde cuatro siglos antes Dios se mostró a Moisés; sube Elías perseguido por su fidelidad a Dios  y sintió el profeta el paso de su Dios.

Suben al monte Tabor, Jesús, Pedro, Santiago y Juan, y allí, Dios Padre manifestó la gloria de su Hijo mediante la transfiguración y nos pidió a todos que lo escucháramos. Antes de la transfiguración, Jesús había anunciado que debía sufrir mucho y ser rechazado, condenado a muerte, pero que resucitaría a los tres días. Los apóstoles necesitaban una esperanza, un aliento, un ánimo. Al final de la muerte hay una vida un esplendor, una gloria, una resurrección, una felicidad en la Casa del Cielo.

(CANTO)

Nosotros para encontrar fuerza, ánimo, en el camino de la vida, ante los fracasos, ante los sufrimientos, hemos de subir a un lugar donde encontrar a Dios como Abraham, Moisés, Elías, Pedro, Santiago y Juan. Ese lugar es la oración personal, familiar, eclesial. Cada uno de nosotros necesita ver a Dios como Abraham, Moisés, Elías… Necesitamos escuchar al Hijo de Dios que nos habla. La Palabra es mitad de quien la habla y mitad de quien la escucha. Cristo nos habla en la Sagrada Escritura, en la Biblia, en el Nuevo Testamento, en las lecturas de la misa… Escuchemos, recemos, actuemos.

El padre Odinei, después de su experiencia misionera por las aldeas y tribus del río Amazonas, regresó a su comunidad de Jesús de Miramar. Todos estaban ansiosos por saber detalles acerca del Amazonas. Pero… ¿cómo podía él expresar con palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas del río? Y les dijo a sus fieles: “Nada puede sustituir el riesgo y las experiencias personales”. Pero, para orientarles, le hizo un mapa del Amazonas. Ellos tomaron el mapa, lo colocaron en sus casas e hicieron copias del mismo para cada miembro de la familia. Y todo aquel que tenía una copia, se consideraba un experto en el Amazonas y daba clases de Geografía acerca de esta región. ¿No conocía, acaso, cada uno que tenía un mapa, la vuelta y recodo del río, y cuán ancho y profundo era y dónde había rápidos, y dónde se hallaban las cascadas?

El padre Odinei lamentó toda su vida haber hecho el mapa. Había sido preferible no haberlo hecho. No es lo mismo conocer un mapa, que tener la experiencia de navegar y evangelizar.

Damos gracias por todas las santas Teresas y todos los santos Juanes. Pero mi experiencia fundamental de Dios es propia, mía y única. Reza, medita largamente la Palabra Dios y serás una persona con experiencia de Dios al estilo de Abraham, Moisés, Elías, Pedro, Santiago y Juan.

(CANTO)

Necesitamos subir a la casa donde vivimos y convertirla en el monte Tabor, en un lugar de luz, amor y esperanza. Si esposo, esposa, padres, hijos, abuelos, nietos, suegros, nueras y yernos, rezamos juntos, los rostros se transfigurarán y se acabarán las caras serias, las palabras irónicas y ofensivas. Desearemos todos permanecer el mayor tiempo posible en nuestro hogar, en nuestro monte y diremos como Pedro: “Hagamos chozas, tiendas, palacios, casas pacíficas y tranquilas. Y qué bien es estar aquí”. Nuestra casa se convertirá en un templo de alabanza a Dios, una escuela de enseñanza de fe y un lugar de caridad hacia adentro y hacia afuera, y un gran resplandor brillará. Y hablaremos al estilo de Cristo.

Para algunos filólogos palabra deriva de las raíces hebreas “palá” y “bará”, que significan maravilla y creación. Reunidas así, palabra quiere decir “maravilla de la creación”. Las palabras más productivas del hombre son las que dice para alabar a su esposa; las palabras amables son la música del hogar, tienen fuerza sobrenatural, son melodías cantadas por ángeles presentes en la casa. Palabras bondadosa, son mejores que los dulces. La palabra pacifica, puede cambiar personas, barrios, pueblos, iglesias, enemigos.

(CANTO)

Dios me anuncia palabras para el nuevo día, para el nuevo camino, para la nueva vida transfigurada. Hoy me levanté temprano pensando en lo que tenía que hacer antes de que el reloj marcara la madrugada. Dependía de mí el tipo de día que deseaba tener hoy, podía estar triste por no tener dinero, o sentirme motivado a gestionar mis bienes, podía quejarme de mi salud o dar gracias por estar vivo. Podría enfadarme con mis padres porque no me dieron todo lo que quise, o estar agradecido por haber nacido. Podría protestar por tener que ir a trabajar o estar agradecido por tener un trabajo. Podría aburrirme con las tareas domésticas o estar agradecido por tener un techo bajo el cual vivir. Podría lamentarme de los amigos que me han abandonado o entusiasmarme con la posibilidad de entablar nuevas amistades. Si las cosas no salieron cómo las pensé, podría ser feliz porque el día de hoy me concede la oportunidad de recomenzar. El nuevo día está dentro de mí, esperando ser lo que yo quiero que sea, y yo estoy aquí como el escultor que quiere darle forma. Todo depende de mí y de mi Padre Dios; yo soy su hijo.

(CANTO)

Dios nos habla en los acontecimientos y en las personas. ¿Quién es Dios? He visto una madre junto a la cuna. Por eso sé lo que es el amor. He mirado los ojos de un niño. Por eso sé lo que es la fe. He observado el arcoíris. Por eso sé lo que es la belleza. He sentido las olas del mar, por eso sé lo que es poder. He sembrado un árbol, por eso sé lo que es la esperanza. He oído un pájaro silvestre cantar, he visto una oruga abrirse a la vida, por eso sé los que son los misterios. He perdido a un amigo, por eso sé lo que es la tristeza. He peleado y ofendido, por eso sé lo que es el infierno. He visto el cielo lleno de estrellas, por eso sé lo que es el infinito. He visto y sentido todas estas cosas, por eso sé lo que es Dios.

(CANTO)

Jesucristo transfigurado y presente realmente en el pan consagrado, está en el Sagrario. Cada vez que puedas, sube al monte del Sagrario. Cuéntale tu vida al Señor Jesús y escúchalo. Hay una oración muy famosa titulada “Quince minutos ante Jesús sacramentado”, si no la tienes pídela al teléfono 78624000. Después de rezarla, tu rostro se transfigurará y todos lo notarán. Podrás decir: “Vivo yo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí”. Hacemos una comunión espiritual.

“Jesús mío, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Te abrazo y me uno a ti. No permitas que jamás me separe de ti”.

(CANTO)

Transfigurados por la Palabra de Dios y por las palabras dulces de nuestras familias y amistades, como hijos de Dios nos dirigimos a nuestro Padre que nunca nos abandona.

(ORACION DEL PADRENUESTRO)

Bajo tu protección buscamos refugio santa Madre de Dios, acoge nuestras súplicas y libéranos del coronavirus, Virgen Gloriosa y Bendita. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

(CANTO)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García.

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