Alocución 6 de diciembre, segundo domingo de Adviento

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez

Hoy, 6 de diciembre, segundo domingo de Adviento, se lee en todas las iglesias católicas del mundo el Evangelio según San Marcos, capítulo 1, versículos  del 1 al 8.

(Evangelio)

Siglos antes de Cristo, los profetas, los que hablaban en vez de Dios, anunciaban un camino en el desierto, una calzada en la estepa; los valles rellenados, las montañas rebajadas, lo torcido enderezado, lo escabroso igualado… y muchos no creyeron a los profetas lo maravilloso del anuncio. Porque el pesimismo es más aceptado que el optimismo, el desaliento gusta más que la esperanza. Es difícil creer que de lo poco surgirá lo mucho. Sin embargo, muchos en el pueblo de Dios esperaron con paciencia. Entre ellos los salmistas, san José, la Virgen, Juan el bautista… ya que no confiaban en sus desvalimientos, sino en las palabras y las promesas de Dios.

Y llegó el día, llegó el cumplimiento de la promesa, llegó lo que pocos esperaban: el camino hacia Dios preparado y mostrado, el pecado rebajado, el bien repleto, el mal desaparecido… Y todo esto hecho realidad por el Mesías esperado durante siglos, por el Hijo de Dios hecho hombre en el seno virginal de María, por quien pasó haciendo el bien, por el amigo de pecadores y enfermos, por el crucificado y resucitado. Toda la bondad es realizable, la paz puede llenar la tierra, el amor multiplicarse, el odio desaparecer. Cristo nos ha elegido para que esa promesa cumplida, se haga realidad en mí, en mi casa, en mi pueblo, en mi Iglesia.

¿Cuál es el camino para que yo sea mejor? El de Cristo. ¿Cuál es el camino para que mi familia sea mejor? El de Cristo. ¿Cuál es el camino para que mi pueblo sea mejor? El de Cristo. ¿Cuál es el camino para que mi Iglesia se mejor? El de Cristo.

Una gran felicidad puede llenar este fin de año y el próximo si el camino es Cristo, si el pecado es rebajado y destruido, si crece todo lo bueno que tenemos y desaparece lo malo. Por nuestra condición de bautizados, todo lo que Cristo ha hecho real en este mundo, nosotros lo podemos realizar con la fuerza, la luz y la Gracia del Espíritu Santo. Blas Bascal rezaba: “Bendigo todos los días de mi vida a mi Salvador, que de un hombre lleno de debilidades, miserias, concupiscencias, orgullo y ambición, ha hecho un hombre exento de todo eso por la fuerza de su Gracia, a la que sea dada toda Gloria, porque de mí mismo no tengo más que pecado y error”.

(CANTO)

Dios nunca nos preguntará qué tipo de automóvil manejábamos, sino a cuántas personas que lo necesitaban, transportamos. Dios nunca nos preguntará por el tamaño de nuestra casa, sino a cuántas personas acogimos en ella. Dios nunca nos preguntará por los bienes que teníamos en el escaparate, sino a cuántas personas vestimos. Dios nunca nos preguntará por nuestros salarios, querrá saber si realizábamos nuestro trabajo con responsabilidad. Dios nunca nos preguntará cuántos amigos tuvimos, sino cuántas personas disfrutaron realmente de nuestra amistad. Dios nunca nos preguntará acerca de lo que hicimos para proteger  nuestros derechos, sino lo que hicimos para proteger los derechos de los débiles. Dios nunca nos preguntará en qué barrio vivimos, sino cómo tratamos a nuestros vecinos.

Y ahora yo me pregunto, ¿cómo le responderé?

(CANTO)

El martes 8 de diciembre celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. La saludamos y le rogamos.

Bendita sea tu pureza,

y eternamente lo sea.

Pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.

A ti, celestial princesa,

Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día,

Alma, Vida y Corazón,

mírame con compasión,

no me dejes

Madre Mía

(CANTO)

El Papa Francisco nos dice que el Adviento es una llamada incesante a la esperanza, nos recuerda que Dios está presente en la historia para conducirla a su fin último, a su plenitud, que es el Señor Jesucristo. Dios está presente en la historia de la humanidad, es el Dios con nosotros. Dios no está lejos, siempre está con nosotros hasta el punto que muchas veces llama a las puertas de nuestro corazón. Dios camina a nuestro lado para sostenernos. El Señor no nos abandona, nos acompaña en nuestros eventos existenciales para ayudarnos a descubrir el sentido del camino, el significado de lo cotidiano, para infundirnos valentía en las pruebas y en el dolor. En medio de las tempestades de la vida, Dios siempre nos extiende la mano y nos libra de las amenazas. Esto es bonito. En el libro de Deuteronomio hay un pasaje en el que el profeta dice al pueblo: “Piensen, ¿qué pueblo tiene a sus Dios cerca de sí como tú me tienes a mí cerca? Ninguno.  

Solamente nosotros tenemos esta Gracia de tener a Dios cerca de nosotros. Nosotros  esperamos a Dios, esperamos que se manifieste, pero también él espera que nosotros nos manifestemos a Él.

Que María Santísima, mujer de la espera, acompañe nuestros pasos en este nuevo año litúrgico que empezamos y nos ayude a realizar la tarea de los discípulos de Jesús indicada por el apóstol Pedro. ¿Y cuál es esta tarea? Dar razones de la esperanza que hay en nosotros.

Y la bendición del Padre que nos creó, del Hijo que nos salvó, del Espíritu Santo que nos unge, descienda sobre todos ustedes, sus familiares y amigos y permanezca para siempre. Amén.

(CANTO)

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