Leonardo Padura y sus lecturas de la Historia

Por: Por José Antonio Michelena

A propósito de la Medalla Carlos Fuentes

Con la conferencia “La novela ante el espejo de la Historia”, el escritor cubano Leonardo Padura hizo la apertura del Salón Literario Carlos Fuentes de la Feria Internacional de Libro de Guadalajara –en su edición especial en línea 2020–, honor que le correspondió por haber recibido la medalla que lleva el nombre del insigne novelista mexicano, un homenaje que se rinde cada año al autor de La región más transparente desde su deceso en 2012.

En un video realizado para la ocasión, la viuda de Carlos Fuentes, Silvia Lemus, dio a Padura la bienvenida al Salón Literario, le agradeció por ser el encargado de abrir todas las actividades literarias de la FIL en esta nueva realidad virtual, y le expresó que la medalla, entregada ahora en forma simbólica, llegará a él de manera física en el momento en que las circunstancias lo permitan.

A su vez, Raúl Padilla López, presidente de la FIL de Guadalajara, señaló: “Este año nos congratulamos en homenajear a un gran narrador, periodista, ensayista y guionista, considerado inequívocamente como una de las grandes plumas del continente; no es despilfarro mencionar que además es uno de los escritores iberoamericanos más reconocidos. Su creatividad, agudeza e ingenio narrativo lo han hecho merecedor de reconocimientos como el Princesa de Asturias de las Letras”.

Justamente el Premio Princesa de Asturias, en la categoría de Comunicación y Humanidades, le fue conferido a la FIL de Guadalajara este 2020 por su contribución de treinta y cuatro años al servicio de la cultura literaria, un hecho resaltado por Padura, quien expresó:

“Es para mí un inmenso honor que la condecorada FIL del 2020 me congratule con la medalla Carlos Fuentes, creada para recordar la obra de uno de los grandes escritores de la lengua y de nuestros tiempos. Y, con la medalla, entregarme […] la responsabilidad de abrir el Foro Literario de la FIL, una distinción en la que me han antecedido varios autores que el solo hecho de leer sus nombres me asusta por lo que significa para mí unirme a ellos en esta tarea. Y, por las circunstancias de este año que ya califiqué de tremendo, debo hacerlo desde La Habana, donde estoy y donde vivo, y donde practico mi oficio de escritor cubano. Y por todo ello agradezco a los organizadores de la FIL este honor, que coloca a Cuba y a un escritor cubano, en el centro de una feria del libro tan justamente galardonada”.

Al recibir la Medalla Carlos Fuentes, Leonardo Padura pasó a integrar un grupo muy selecto de escritores y escritoras, integrado por Jonathan Franzen (2012), David Grossman y Mario Vargas Llosa (2013); Nélida Piñón y Sergio Ramírez (2014); Salman Rushdie (2015), Norman Manea (2016), Paul Auster (2017), Orhan Pamuk (2018), y Luisa Valenzuela (2019).

La conferencia en línea, impartida por Padura el 29 de noviembre, es un análisis de las distintas maneras en que él ha leído e interpretado la Historia para escribir cuatro de sus novelas: La novela de mi vida, El hombre que amaba a los perros, Herejes, y La transparencia del tiempo.

El recorrido por esa zona de su obra tiene un comienzo muy peculiar, desde la identidad lingüista: el descubrimiento de un nexo gastronómico que lo conectó con el poeta José María Heredia, el quimbombó. La trascendencia de ese hallazgo, el escritor la explica de esta manera: “Encontrar a través de un elemento representativo de la culinaria cubana un nexo entre el fundador Heredia, muerto en México poco después de concretado su breve regreso a Cuba, y mi propia persona, casi dos siglos después, fue un hallazgo esencial a la hora de estudiar, primero, y proponerme, después, escribir la novela de la vida del poeta”.

Y resultó que la vida histórica de José María Heredia, vista desde la perspectiva de su permanencia en el tiempo, le abrió al novelista –declara– una puerta hacia el mejor entendimiento de una realidad pasada, más o menos remota que, en ciertas esencias, resultaba que también era la suya.

Según Padura relató en la conferencia, entró en la Historia para entender la naturaleza íntima de su país, las claves de una pertenencia, pero también para entenderse mejor a sí mismo; y sabía que en manos de un novelista, la Historia pude ser utilizada para “revelar desde un ángulo íntimo, dramático, incluso subjetivo, la existencia viva de un gran proceso manifestado en y a través de la Historia, de un modo visceral que a veces es inapresable por la ciencia de la Historia”.

Más adelante, relata el proceso que lo llevó a escribir El hombre que amaba a los perros, la novela que le ha dado mayor reconocimiento internacional; describe los elementos que se fueron acumulando, los que lo condujeron a esa nueva confrontación con la Historia; la revelación que significó, para él, saber que Ramón Mercader, el asesino de Trotski, vivió en La Habana los últimos años de su vida, lo cual equivale a decir que vivió en su propio espacio físico.

De esa revelación, germinó la idea de escribir esa novela histórica que también es una novela de la contemporaneidad, porque el drama protagonizado por León Trostki, Ramón Mercader y su mentor Stalin, formaba parte de su destino personal, “del destino de la sociedad en que nací, crecí, vivía y… aún vivo”.

A continuación, Padura se internó en el análisis de Herejes, la novela donde reflexiona sobre la búsqueda de la libertad individual en la sociedad cubana contemporánea. Las preguntas formuladas en esta novela son de naturaleza filosófica, religiosa, política, artística, histórica, sociológica, antropológica: “¿Qué es la libertad? ¿Somos libres? ¿Somos libres viviendo en sociedad? ¿Somos libres de pensar con nuestras cabezas aunque aceptemos coartar la libertad de acción de acuerdo a las normas que impone un contrato social sin el cual no sería posible la vida en comunidad?”.

Y situándolas en el contexto cubano, o como dice el escritor, “acercándonos al meollo de la cuestión”: “¿Puede ser libre un joven cubano del siglo xxi, libre para pensar y existir como él lo decida o la sociedad lo conmina a vivir de un determinado modo, a expresarse dentro de unos determinados márgenes, a pensar con unas determinadas razones?”.

Por último, el novelista discursa sobre la permanencia de la Historia y sus manifestaciones a través del tiempo: “escribí una novela en la que me voy a la Historia para develar esas posibles repeticiones, calcos, lo que definí en el título de mi libro como La transparencia del tiempo”.

En la novela se muestran “esas raras transparencias del tiempo, gracias a las cuales determinados momentos y acontecimientos históricos se replican, parecen calcarse, pues en todos ellos la víctima de la Historia es el hombre y el motor de la Historia es la violencia, incluso, la violencia que puede generar –que hoy mismo genera– la fe en los poderes de seres superiores, de dioses, vírgenes, profetas”.

Al resumir su experiencia como autor de novelas históricas, Leonardo Padura señaló que los archivos de la Historia, que nos regalan tantas lecciones de permanencia de su capacidad especular, de sus posibles calcos y su obstinada persistencia, resultan un material privilegiado para acercarse a algunas de las respuestas que busca, y a recordarle las preguntas que, como ser humano, social e histórico, le obsesionan.

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