Espiritualidad cristiana laical

Por: Mons. Antonio Rodríguez Díaz (padre Tony)

Espiritualidad cristiana
Espiritualidad cristiana

Uno de los retos pastorales prioritarios para el trabajo de la Iglesia es la Espiritualidad cristiana, la cual debe promoverse en cada uno de sus miembros: obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos. El siguiente artículo trata concretamente de la espiritualidad cristiana.

 

I.- Ethos

Me gusta definir la espiritualidad en contraposición con el ethos. El ethos es un vocablo griego que ha sido muy utilizado durante las últimas décadas en los estudios de Filosofía Moral y Teología Moral, y se refiere al carácter moral de una persona o de un pueblo o de una comunidad. El carácter moral es aprendido, no se nace con él. Así pues, el ethos reúne los valores morales y los contravalores morales de una persona o de un pueblo o de una comunidad.

Hay personas y pueblos que poseen un ethos bajo, su perfil moral –según frase del filósofo español José Ortega y Gasset (+1955), es bajo, lo cual no quiere decir que carezca completamente de valores morales; sino que estos son pocos. Ejemplos: el ethos de una cárcel, o de un determinado barrio o Iglesia (la de Corinto en tiempos de san Pablo o la Iglesia a la que Santiago dirige su carta).

 

II.- Espiritualidad

La espiritualidad de una persona o de un pueblo excluye los contravalores morales; solo mira a los valores espirituales y morales, o lo que es lo mismo, lo mejor del espíritu humano. Hay personas y pueblos con un alto nivel de espiritualidad.  Ejemplos: santa Teresa de Jesús, san Vicente de Paul, san Pablo VI, la comunidad de los hombres del Seminario “San Carlos” en los años veinte del siglo xix, nuestro patriarcado, como lo llamó José María Chacón y Calvo (+1969), o el campesinado cubano durante los primeros setenta años del siglo xx. Hay, por el contrario, personas de poca espiritualidad; estos son los materialistas prácticos, los cuales tienen una insensibilidad a lo espiritual. Hay no creyentes de una gran riqueza espiritual. Ejemplo: Imre Nagy, comunista; primer ministro de Hungría, depuesto, juzgado y ejecutado por las tropas soviéticas de ocupación y el gobierno afín a estas en 1956.

 

III.- Espiritualidad no es pietismo ni espiritualismo

Muchas veces se confunde la espiritualidad con el pietismo, que es el solo gusto exagerado por la oración y las prácticas cultuales religiosas en tal o cual persona, con escaso o nulo compromiso con la realidad familiar y social, pensando que los frutos de esta dependen exclusivamente de la acción de Dios en ellas. También erróneamente se piensa que la persona espiritual es aquella que vive desentendida de los problemas de la vida, “porque solo se ocupa de lo espiritual” (en este caso entiéndase Dios, o la literatura, o la filosofía, etc.), y por esta razón tiene paz y no se busca problemas… Esta tendencia se le puede denominar espiritualismo; sin embargo, no es propia de la verdadera persona espiritual.

 

IV.- ¿Qué es la espiritualidad cristiana?

La espiritualidad no es patrimonio exclusivo del Cristianismo. Gandhi y Tagore no eran cristianos. Tampoco lo era Confucio; y no cabe duda que eran hombres espirituales. A juzgar por sus escritos y su vida, nuestro Martí era un hombre espiritual. Existen varias espiritualidades. Todas tienen en común que dan primacía a los valores del espíritu sobre lo material, al ser sobre el tener. Vivo convencido de que el Cristianismo posee la mejor de todas las espiritualidades. Lo ha demostrado en la historia, a pesar de los pecados de los cristianos, pero como ya dije, estos no forman parte de la espiritualidad, sino del ethos histórico de los cristianos. Los pecados no son el resultado de la espiritualidad. Una espiritualidad, que por su contenido, por sus principios y prácticas, produzca pecado no es auténtica, porque no es humana, ya que el pecado va contra el hombre.

Aquí están los reparos que pongo a algunas religiones que promueven la venganza, el odio al adversario, el fanatismo y la guerra santa. Los pecados de las realizaciones históricas del Cristianismo –repito–, no son el resultado de su espiritualidad, sino, todo lo contrario, el resultado de no vivir los valores espirituales de la Fe Cristiana, como por ejemplo, las injustificadas Cruzadas.

Hna. Toñi en asistencia social
Hna. Toñi en asistencia social

 

V.- Espiritualidad y Hombre

La evangelización tiene que producir necesariamente un hombre espiritual cristiano, que dé primacía a los valores espirituales desde su Fe Cristiana. Para medir una religión o una ideología, hay que preguntarse: ¿qué tipo de hombre produce? En esta línea, ¿qué tipo de hombre producen ciertas sectas llamadas “cristianas”? ¿Fanáticos? Pero el fanatismo y el verdadero cristianismo no se llevan. Lo mismo ocurre con los religiosos “cristianos” que viven su fe llena de miedos ante la vida. La verdadera espiritualidad cristiana libera de los miedos.

 

VI.- ¿Cuál es la esencia de la espiritualidad cristiana?

El padre Jesús Espeja, O.P. en su libro La Espiritualidad Cristiana, publicado en Cuba en el 2004, nos dice: “Lo propio de la espiritualidad cristiana radica en la encarnación: lo humano y lo divino unidos, ‘sin confusión’ pero ‘sin separación’”. Por consiguiente, la espiritualidad cristiana es encarnada, si no, no es cristiana, porque ella nace de Jesús, el Dios encarnado. Este es un dato para meditar más de una vez, y del que nunca sacaremos todo su jugo. Los teólogos dirán: es una espiritualidad histórica. Yo añado: con una proyección a la santidad. La exhortación post sinodal de Juan Pablo II Christisfideles Laici, afirma que sacerdotes y laicos (todos son fieles de la Iglesia) tienen una vocación: la santidad. Los sacerdotes la realizan en la construcción de la comunidad eclesial. Los laicos en el mundo, y, en segundo lugar, en la construcción de la comunidad eclesial. Aquí está de modo esencial la diferencia que dentro de la espiritualidad cristiana hay entre la espiritualidad del Ministerio Ordenado Episcopal y Presbiteral y la espiritualidad laical. Un sacramento, el del Orden, marca de forma esencial, la diferenciación.

 

VII.- Fuentes de la Espiritualidad Cristiana

Las fuentes de la Espiritualidad Cristiana, tanto para ministros ordenados como para laicos, nacen de Jesús de Nazareth y de la esencia específica que dio a la religión que fundó; nacen, sobre todo –este es su punto de origen, que nunca debemos olvidar–, de la encarnación del Verbo. Aquí hallamos su primera especificidad, que hizo posible los modos en los cuales el Hijo de Dios vivió su encarnación, anunció el Reino y se relacionó con el Padre; pero no lo olvidemos, desde la encarnación, por eso no es espiritualidad de huída, de descompromiso, de pietismo. Es espiritualidad de cruz. La mística del Cristianismo es de cruz; de lo contrario, no es  Cristianismo. Será otra religión, cualquier cosa, pero no será Cristianismo. Sin embargo, a mi modo de ver, la mayoría de los cristianos no lo comprendemos o no lo acabamos de comprender del todo.

El padre Espeja en su ya mencionado libro escribe un subtítulo que me ha gustado mucho: “Obediencia en la oscuridad de la historia”. Obediencia amorosa al Padre, pienso que esa es una buena definición existencial de la cruz. No obediencia a regañadientes a Dios, sino amorosa, que es decir: a pesar de todo lo que he sufrido y sufro, yo te amo, a pesar de todo, yo te soy fiel porque tú eres mi Padre.

La espiritualidad de encarnación es espiritualidad de compromiso con este mundo para salvarlo. El Hijo de Dios para salvar este mundo no escogió otro camino que el de la encarnación: se hizo hombre. El autor de la carta a los Hebreos dijo que “Él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó” (Hb 4, 15). Esto quiere decir que lo primero que hizo fue tomar un cuerpo humano, dado por una mujer, la Virgen, y nació como cualquier ser humano, asumiendo todo el rigor de esta vida (no acogido por los suyos, amenazas de muerte y problemas de la cotidianidad). Dios, su Padre, no vino a librarlo con una varita mágica de todas esas vicisitudes. Los Evangelios no dicen nada semejante. Vida oculta en Nazareth y vida de predicador, bastante agitada por cierto, testimonian la realidad de la vida encarnada y comprometida de Jesús. Al final, Dios no lo libró de la pasión y de la muerte. Más humana y con más problemas no pudo ser. Sin embargo, de la encarnación brotó la espiritualidad de Jesús.

Iglesia cubana
Iglesia cubana

VIII.- Elementos que integran la Espiritualidad Cristiana

Los elementos referenciales que integran esta espiritualidad cristiana de encarnación son vividos desde la obediencia al Padre, pero ¿cómo Jesús vivió –desde qué referente– esa obediencia?

  1. Desde la nueva imagen de Dios que él reveló: la de Padre, que no es la del amo cuya voluntad ordena arbitrariamente y que es necesario cumplir ciegamente.
  2. Esta imagen de Padre produce una relación con Dios marcada por la filiación. Luego no fue esclavo, ni instrumento, ni siervo de Dios; fue hijo. Es obediencia filial.
  3. La obediencia filial se realiza por el seguimiento de Jesús, no por su imitación fotocopiada. El seguimiento consiste en vivir los valores y actitudes de Jesús. Por ser una espiritualidad de seguimiento, podemos conservar, gracias a eso, nuestra identidad personal, nuestra irrepetibilidad. En la espiritualidad de seguimiento está la cruz, como ya indiqué.
  4. La obediencia se realiza como vida en el Espíritu Santo y esto hace que se libre de todo rigorismo, de todo tipo de estoicismo: suave yugo, carga ligera. Esta obediencia filial es posible vivirla en virtud de la gracia, si no, sería cumplimiento de una ley escrita muerta (2 Cor 3, 6).
  5. Esta espiritualidad abarca todos los aspectos de la vida humana. No es parcial. Es total. Por otra parte, no es superficial. Es interior. De ahí que las personas superficiales, y que solo entienden la fe en Cristo en unos aspectos sí y en otros no, les cuesta trabajo ser auténticos cristianos.

 

IX.- La espiritualidad cristiana laical

El Concilio Vaticano II fijó la espiritualidad laical en el número 31 de la Constitución Dogmática de la Iglesia Lumen Gentium. Los laicos están en el mundo. La propia persona, la familia y la sociedad son los objetos que los laicos han de transformar para hacerlos más humanos, que es lo mismo que realizar el Reino de Dios. Esta transformación deben hacerla desde una referencia que es la Palabra de Dios, los sacramentos de la Iglesia y la oración. Estos son los tres pilares que sostienen la espiritualidad de los cristianos, que, repito, tiene por objeto la transformación de la persona, la familia y la sociedad.

En la persona están, entre otros, los valores de la sinceridad, la verdad, la honradez, la salud y la sexualidad. La familia se nos revela como la que en primer lugar forma a las personas y transmite la fe en un ambiente de amor. Allí debe conocerse en primer lugar la gratuidad, valor esencial de las relaciones con los demás. Por otra parte, los valores personales y familiares han de vivirse en escala mayor en el ambiente social. La justicia, que nace de la caridad política y posibilita el bien común, se configura en la familia junto con la libertad como los fundamentos de la vida social.

Es un error querer desvincular en la espiritualidad cristiana lo personal de lo social, o lo familiar de lo social, pues los tres ámbitos son esenciales y no opcionales. Cuando el laico cristiano comprende esta razón y trata de ponerla en práctica, entonces podemos hablar de identidad laical.

Además, según sus carismas y posibilidades, el laico cristiano debe, en segundo lugar, encontrar su compromiso en la construcción de la comunidad eclesial.

El laico cristiano construye su realidad personal, interpersonal, familiar y social (esto es la encarnación), que es lo mismo que construir el Reino de Dios en este mundo. ¿Desde dónde? Desde su obediencia filial al Padre Dios, auxiliado con la gracia del Espíritu Santo y fundamentado en la Palabra de Dios, los sacramentos y la oración. Todo esto es la espiritualidad cristiana laical.

No es lo mismo construir la persona, las relaciones interpersonales, la familia y la sociedad desde la referencia a la obediencia amorosa de Dios que sin esta referencia. La referencia es lo que especifica cristianamente la construcción de estas realidades del mundo. Un no creyente o un creyente de otra religión construirá estas realidades mundanas desde otra referencia. Los laicos cristianos las construyen desde su referencia específica.

 

Conclusión

La espiritualidad cristiana no es sinónimo de pietismo ni de espiritualismo. Tampoco es vivir en una torre de cristal aislados del resto del mundo o estar con los ojos en blanco mirando al cielo. La espiritualidad cristiana posee una parte esencial que es su compromiso de transformar para bien a la persona, a la familia y a la sociedad.

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