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Tengo en mi biblioteca la edición príncipe de Kindergarten, del poeta guantanamero Regino E. Boti (1878-1958), el más universal provinciano de la literatura cubana. El libro fue publicado en 1930 por la Editorial Hermes, ubicada en Compostela 78-80 en La Habana, tal como reza el pie de imprenta. Es un volumen que atesoro con particular celo: lo puso en mis manos la hija del poeta, Floretina Regis Boti y León.
La crítica y la historia literaria suelen centrarse, al hablar de un autor, en determinados títulos. Al referirse a este patriarca de las letras cubanas afloran Arabescos mentales (1913) y El mar y la montaña (1921). El primero sacudió una etapa árida del panorama literario, urgido de un estandarte tras la muerte de Julián del Casal y José Martí. El segundo es la cima, donde el poeta poetisa la aldea, nos lega poemas-tesis como «La noria» y «Luz». Kindergarten, sin embargo, ha quedado más a la sombra.
En su «Prolepsis» (que no «Prólogo»), Regino Boti confiesa que ha descubierto otras propuestas con esta palabra de origen germano. Atentos a lo que escribe: «Como picado, comencé a buscar mis cuartillas. Antes, cuando tenía el entusiasmo de la inexperiencia por las cosas de la lira —hoy saxofón— guardaba bien ordenaditos mis papeles de versos. Ahora todo es despego. Andan al garete».
Más adelante agrega, con su autorizada voz: «(…) al reunirlos vi que los originales de Kindergarten eran demasiado disímiles. Y pronto los agrupé en tres órdenes de motivos (…) Un orden me pareció grave. Otro, de intimidad, sin mezcla. Y un tercero, casi todo nefando. Resolví entonces dejar lo grave para luego; los tiempos son adversos a la gravedad (…) se impone el zeppelín: lo menos pesado que el aire».
¡No deja de asombrar una declaración tan tempranera, tan enfática, sobre la preferencia de las ligerezas, que parece más propia de nuestro tiempo virtual, cibernético y veloz!
Al adentrarnos en el libro de sesenta y cuatro páginas, podemos encontrar versos satíricos, irónicos, epigramáticos y de madrigal, con inusitadas metáforas. «To day» es puro rejuego de un asunto delicado, de más de uno. Es mucho lo aludido en apenas seis versos; «¡Niño tonto el corazón / jugando al diávolo / con la ilusión! / Y ella —que es morfinómana— / fuma kedives / y se peina a lo boy».
En medio de todo eso, aparece «Babúl», un poema gigante. Si tenemos en cuenta que este libro resume la producción de 1926 a 1929, se trata de un poema pionero de la temática negrista, con estructura, soluciones y frases que ejercerán influencias sobre contemporáneos y seguidores. Es un «Boti desconocido», un mentís a etiquetas y reduccionismos al que algunos lo remiten.
«A la doce de la noche / se improvisa el concierto: / audición de una fanfarria singular. / Súbito brama una fiera: la sirena-cien voces / de un central: fa, fa, fa-sí, fi, ííí / Y a lo lejos el babúl / con el etiópico repique / de los bolillos del catá.
Songo. Bilongo. / Repongo. / Propongo. / Diptongo. / Tacatá, tacatá / Tacatá, tacatá (…)
Y a lo lejos el babúl: / son de roncos atabales, / tableteos del catá. / Belacarúm. / Blacarúm. / Belacarúm. / Tacatá, tacatá …»
¿Qué les parece?
Kindergarten es más que otro poemario de Regino Eladio Boti y Barreiro. Lo preservo con celos, no olvido nunca la delicadeza de Floretina, la hija del poeta, al dejarlo en mis manos. Él definió a Guantánamo de un trazo: las «calles rectas» y «la parquedad catalana». Ella catalogó, preservó, salvó la papelería botiana. Ella nació a su padre entre sus brazos.



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