Detrás de las fachadas

Por: Ángel Marqués Dolz (palabranueva@ccpadrevarela.org)

Una incursión a la violencia intrafamiliar en La Habana

Un cóctel de factores ha disparado los casos en los últimos tres años, cuyos protagonistas —víctimas y victimarios— sugieren una mixtura estadística que indica que el flagelo, como una hidra, asoma en todos los segmentos de la sociedad metropolitana.

“Hoy he visto nueve personas. Digo personas porque no siempre son pacientes. Personas con trastornos, muchas veces buscando orientación”, dice a Palabra Nueva, luego de atender el último caso de la jornada, una mujer a todas luces desesperada que antes de entrar a consulta da paseos inquietantes sobre un eje imaginario, mira hacia el cielo protegida por gafas oscuras, y se resiente, confesión en alta voz, de haber abandonado recientemente el tabaquismo y de ser una de las tantas repatriadas al uso. “¿Será por eso que estoy tan ansiosa?”, pregunta sin mirar a ningún interlocutor de los presentes.

Teresita del Carmen García Pérez, quien amablemente la manda a pasar, es una heroína. No es un cumplido. Especialista en segundo grado en Psiquiatría y doctora en Ciencias Médicas, entre otros atributos curriculares y experiencias como forense en países de gatillo alegre, lleva las riendas de la única consulta médica de violencia intrafamiliar de toda La Habana.

Por abrumadora, la misión sobrecoge. La Habana es una ciudad de poco más de dos millones de habitantes, a la que se suma una población flotante, asentada sobre poco más de setecientos kilómetros cuadrados y una urdimbre de problemáticas sociales donde las violencias —su catalogación académica habla de una veintena de tipos— aportan episodios diarios, muchos de ellos lastrados por la tradición patriarcal que nos legaran nuestras matrices identitarias, España y África subsahariana, sobradas en modelos androcéntricos de dominación. A eso, se suma el resto, que no es poco.

Una consulta itinerante

Ubicada en el Centro de Salud Mental del municipio Diez de Octubre, en la avenida Santa Catalina, reparto La Víbora, la consulta ha sido itinerante. Inicialmente comenzó en 2001 en el hospital capitalino Manuel Fajardo. Allí se conformó un equipo que bajo el liderazgo de la doctora García funcionó por más de una década integrado por psicólogas, psicometristas, un psiquiatra infanto-juvenil, dos trabajadoras sociales y un abogado, quien asesoraba las diligencias jurídicas.

“Como antecedente, durante catorce años yo había ejercido como psiquiatra forense y constaté problemáticas que terminaron en tragedias. Personas asesinadas o privadas de libertad, después de la comisión de un acto delictivo, que cuando se reconstruía la historia uno se percataba de que el suceso de sangre pudo haberse evitado, si alguien hubiese hecho algo al respecto”, recuerda la también profesora titular de Psiquatría de la Universidad Médica de La Habana e investigadora auxiliar de la Academia de Ciencias de Cuba.

El equipo del Fajardo se involucró con éxito en la mediación de conflictos, a partir del entrenamiento recibido por el abogado del grupo en el centro Félix Varela, una ONG cubana creada en 1993 para promover un enfoque humanista con perspectiva de género. “Tuvimos resultados bastante importantes. Por ejemplo, en procesos que se habían judicializado se logró que se retirara la denuncia”, recapitula García.

Santa Amalia, en Arroyo Naranjo, fue la siguiente estación de la consulta. Se insertó en el Centro de Salud Mental del municipio, para entonces, 2014, el de más altos indicadores de violencia de la ciudad. En paralelo, la doctora García gestionaba una consulta para el manejo del comportamiento violento en el hospital clínico quirúrgico Joaquín Albarrán, que desafortunadamente cerró en 2017. Hace poco más de un año, la especialista trasladó su gabinete a Santa Catalina por razones de movilidad. “Me queda a unas ocho cuadras de casa”, justifica la ventaja.

Violencias y clichés

Palabra Nueva: ¿Cómo caracterizaría esta consulta?

Teresita del Carmen García Pérez: “Su rasgo principal es que pueden acceder a ella tanto víctimas como agresores. Ese es un dato importante porque siempre digo que a las víctimas todo el mundo las quiere, y desean ayudarlas, pero a los agresores todo el mundo los rechaza”.

Imagino que no escasean los prejuicios…

“Hay una serie de clichés y de estereotipos en torno al tema de la violencia que desde el modelo biomédico de investigación las hojas de cargo no nos dejan mentir. Por ejemplo, de las nueve personas que he consultado hoy, solamente dos son hombres”.

Son mucho más renuentes que las mujeres a este tipo de consultas, supongo…

“Es que desde los medios se ha construido un estereotipo del hombre agresor y la mujer víctima, de pobrecitas las mujeres frágiles, tan dulces y buenas, tan puras y santas. No es tan así. También hay mujeres agresoras, de sus hijos menores de edad, de sus adultos mayores. Esto segundo lo vemos infortunadamente con muchísima frecuencia. Agresoras de sus parejas, porque el perfil de la mujer cubana no es ese perfil que internacionalmente se promociona de la mujer víctima de la violencia en Europa, en algunos países de nuestra área latinoamericana y caribeña, Centroamérica específicamente, y todo el mundo sabe que el común de las mujeres cubanas no es de quedarse calladas… ¿o no?”.

Seguro.

“Verdad que no. Si Ud. me dice, yo le respondo”.

Aunque sociogeográficamente hablando hay diferencias. No es lo mismo en zonas capitalinas que provincianas…

“Sí, claro, hay diferencias. Básicamente mi experiencia proviene de los sectores urbanos en La Habana. Quizás en otras partes del país no sé cómo se comporte. Esta es una consulta que tiene cobertura provincial. Alguna que otra vez nos llega algún que otro caso de Artemisa o de Mayabeque, porque de alguna manera han ido a dar a un servicio de psiquiatría a un hospital de La Habana y alguien le ha recomendado atenderse el problema con un especialista”.

¿Qué tipo de problema?

“El problema del control de impulso y de la agresividad, de los que casi nadie quiere ocuparse. Desafortunadamente, estamos en un momento en que las personas están viviendo con una filosofía de buscarse el menor número de problemas posible. Hay colegas que me dicen: ‘yo no sé cómo a ti te gusta atender estos casos’; y les respondo: ‘es que alguien los tiene que ayudar’”.

Herramientas de contención y el factor COVID

En décadas de praxis, la experiencia de la doctora García la autoriza a establecer ciertos axiomas. Uno de ellos es que las personas violentas, en su gran mayoría, no son propiamente enfermos mentales, sino individuos que nunca adquirieron herramientas de contención y por tanto, les cuesta trabajo moderar sus acciones impulsivas.

En un escenario de confinamiento, a partir de la pandemia de COVID-19 que para la isla arrancó en marzo de 2020, embistiendo con fuerza a la industria turística y esquilmando las ya magras reservas financieras del país, “muchos de los factores que antes ya eran de riesgo para caer en comportamientos violentos, empeoraron y se sumaron otros”, estima la experta.

Las medidas de reducción de la movilidad social y de períodos de reclusión domiciliaria hicieron “mucho daño a la familia desde todo punto de vista”. Obligaron a convivir a miembros con una mala o beligerante relación intrafamiliar, que hasta ese momento manejaban su cuadro de asperezas mediante los horarios de trabajo o las actividades sociales o recreativas, entre otras estrategias de cohabitación, pero que la pandemia desestabilizó o sencillamente las redujo al fracaso.

Cuba, donde las generaciones se superponen en espacios domésticos, muchas veces reducidos y técnicamente deplorables, necesita construir alrededor de veinte por ciento más de casas para solventar su crónico déficit habitacional, que supera las 800 000 viviendas actualmente, de acuerdo con el Consejo de Ministros.

Una investigación llevada a cabo en 2021 por la propia doctora García, junto a los psicólogos Victoria de la Caridad Ribot Reyes y Sergio Antonio Rabell Piera, confirmó que el escenario pandémico disparó las cifras de casos violencia interfamiliar de manera alarmante.

En las conclusiones del estudio se lee que “el confinamiento impuesto por el COVID-19 trajo una complejización de la violencia intrafamiliar, así como un aumento considerable en el número de casos reportados. Como respuesta, se han implementado una serie de estrategias de intervención y prevención, enfocadas a la gestión comunitaria”.

Esfuerzos paralelos institucionales y civiles

A fines de 2021, el Estado cubano aprobó la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar, con carácter vinculante. Concebida para ser implementada en dos fases, que se extenderán de 2021 a 2030, con una evaluación de mediano plazo en 2026, la iniciativa involucra a un amplio espectro institucional y la capacitación de muchos actores sociales para contener lo que es un problema nacional.

De acuerdo con la socióloga Marilin Peña Pérez, del Centro Memorial Martin Luther King, es necesaria la formación de alianzas con todas las organizaciones de la sociedad civil cubana para forjar un “cambio cultural a nivel social”.

Por su parte, la activista feminista Claudia Damiani, fundadora de Cimarronas, una plataforma digital feminista, es partidaria de multiplicar la información y debate sobre las problemáticas de violencia hacia públicos muy específicos, espacios donde el mensaje no es entendido.

Para Ivón Ernand, psiquiatra y especialista del Centro Oscar Arnulfo Romero, un espacio de reflexión e investigación de pensamiento cristiano, las consejerías son el primer escalón en la atención a mujeres en situación de violencia al suministrarles información y herramientas para salir de su vulnerabilidad.

En julio de 2022, se realizó el primer Taller sobre Gobernanza, Seguridad Ciudadana y Violencia de Género e Intrafamiliar, con el objetivo de crear un sistema de información robusto que mida indicadores de estas temáticas para la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas.

Poscovid, modelo económico en trance y estampida migratoria

El contexto ya era difícil y estresante, cuando sobrevino otro factor de mayor inestabilidad y zozobra social: la llamada Tarea Ordenamiento, a partir de enero de 2021, con la que el gobierno pretendió corregir las distorsiones financieras existentes, eliminar subsidios y relanzar el poder adquisitivo de los salarios estatales y las pensiones en medio de una economía en crisis estructural, sin préstamos internacionales que sirvieran de colchón antiinflacionario y agravada por las sanciones estadounidenses.

“Con el reordenamiento muchas personas han dejado de hacer aquello para lo que se capacitaron o estudiaron, porque no había dinero suficiente para comer, emigraron hacia otros sectores, y eso ha complejizado la situación”, explica la doctora García, aludiendo a los negocios intradomiciliarios que han desatado “una serie de litigios en torno al orden de la jerarquía familiar” y la negociación de espacios y prerrogativas de cada sujeto, a lo que se suma “una explosión migratoria, que ha traído aparejado que muchas familias se han quedado solamente con los viejos”.

El impacto dentro de los entornos familiares es dramático y se proyecta en la consulta de la psiquiatra forense. “No hay prácticamente una familia de las que han llegado a nosotros que no tenga en su estructura alguien que no haya emigrado recientemente. Además de la desprotección inmediata de personas vulnerables, menores de edad han quedado al cuidado de los abuelos que ya no tienen la energía, ni la fuerza, ni la salud, ni la paciencia para cuidar de esos menores, que llegan a la adolescencia desajustados, y todo eso viene a dar en confrontaciones familiares”.

De acuerdo con fuentes en Washington, entre marzo de 2020 y enero de 2023 más de 380 000 cubanos entraron ilegalmente a Estados Unidos por la frontera sur. A esa cifra habría que agregar la emigración ordenada —por miles— hacia ese país y otros de América Latina y Europa. Un informe de 2022 del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM), afirmó que “Cuba se mantiene con una tasa de muy bajo índice de fecundidad, con bajos niveles de mortalidad y un saldo migratorio externo negativo”, que significa que la población disminuye y hay más emigrantes que inmigrantes.

La fe, ¿un arma psicoterapéutica?

¿Cuándo llegan las personas a esta consulta?

“Lamentablemente, la mayoría de las veces cuando ya la situación ha llegado a un punto de quiebre, donde hay que pedir ayuda, o va a correr la sangre”.

¿Y quién alerta de que hay que hacer algo urgente y por qué canales llegan a sus manos las personas en apuros?

“Habitualmente son los psiquiatras quienes saben que esta consulta existe, tanto psiquiatras de hospitales como de los centros de salud mental, pero también a veces organizaciones comunitarias. Hemos recibido casos a partir de la preocupación de líderes comunitarios de diferentes religiones. Nosotros siempre hemos dicho que la religión es un factor protector contra la violencia, sea cual sea la fe que se profese, porque siempre los líderes religiosos tienen una función de contención, de ayudar a buscar soluciones, siempre supone una red de apoyo”.

Sin ánimo de polémica, es curioso escuchar de una doctora en Ciencias Médicas esos elogios hacia la fe.

“De hecho, muchas veces le hemos sugerido o aconsejado a las familias en problemas el acercamiento a los líderes religiosos o a espacios de fe. Muchos lo han aceptado y han encontrado al menos la paz, según me han referido y eso es ya importante”.

La religión ha dejado de ser ese opio de los pueblos, del que habló Marx en 1844. En muchos casos es emancipadora. ¿Ahora se podría afirmar que es un factor complementario al paradigma científico suyo orientado a la búsqueda de soluciones?

“Por supuesto. El psiquiatra que me formó a mí, un gran profesional y un gran hombre, el profesor Ricardo González Menéndez, a quien lamentablemente perdimos cuando la epidemia de COVID, siempre decía que ojalá —él tenía una formación católica— que esa persona que tenemos frente a nosotros, siempre tuviera una fe, no importa cuál, porque la fe es un arma psicoterapéutica. Recordemos que la psicoterapia, entre otras funciones, tiene que ayudarte a encontrar un camino dentro de una problemática, y la fe es un camino. De hecho, todo el mundo conoce que hay muchos espacios religiosos que se han constituido en factores importantes de ayuda: Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, Neuróticos Anónimos… Nosotros hicimos un intento, algún tiempo atrás, no mencionaré la iglesia por una cuestión ética, pero no tuvimos una buena acogida para abrir un espacio de consulta paralelo al que ya existía en ese templo de AA. De lo que se trata es de limar las diferencias y construir identidades en que lo común, lo que une, lo que convoca, ayude a las personas en un momento muy difícil para la historia de este país”.

Código de las Familias. Fin del paternalismo estatal

En septiembre de 2022 entró en vigor el Código de las Familias, un cuerpo legal resultado de más de una veintena de versiones, modificadas en el curso de debates expertos y legos, que dividió a la comunidad religiosa de la isla. Para la doctora Teresita García una de sus contribuciones es haber codificado la responsabilidad que tienen las personas para con sus adultos mayores y sus enfermos mentales.

“Nuestro proyecto social ha sido tradicionalmente muy proteccionista y todo lo tenía que asumir el Estado. Por eso también ha habido un punto de quiebre desde que el Estado ya no puede asumir muchas cosas. En este particular, si Ud. tiene un enfermo mental en su familia, es, en primer lugar, un problema de su familia. Yo, como representante del sistema de salud, lo atiendo, lo diagnostico, le pongo un tratamiento, si necesita ingreso lo hago, pero no lo puedo ingresar toda la vida, porque sería injusto y violatorio del derecho del enfermo mental y eso muchas familias no lo entienden”.

Muchas enfermedades mentales son incurables, pero tal desgracia no debe pretextar el abandono de esos pacientes, muchos convertidos en deambulantes que “faltos de higiene, piden comida en la calle y hurgan en los latones de basura”, dice la especialista, quien igualmente repara en “algunas cláusulas que son interesantes y pertinentes” del Código de las Familias.

“Se exime al hijo de asumir el cuidado de su padre adulto mayor, si se demuestra que durante la educación de ese hijo hoy adulto, ese hoy adulto mayor ejerció violencia contra él. Y es justo”, considera la doctora García, quien pide, a su vez, que esa cláusula debe tener una aplicación muy casuística. “Siempre las generalizaciones son malas”, resume.

¿Y entonces, el adulto mayor abusador quedaría varado en una tierra de nadie?

“Eso son los casos que el trabajo social comunitario tiene que resolver”.

Songo le dio a Borondongo y Borondongo le dio a Bernabé y Bernabé le pegó a Muchilanga.

La violencia cruzada

Dentro del universo de tipos de violencia intrafamiliar, la psicológica es la más frecuente, por encima de la física. “La psicológica es más silenciosa y es posiblemente la más dañina, porque va lacerando la autoestima de la víctima, va quebrando sus mecanismos de defensa, e incluso, a veces, cuando la persona se te sienta ahí, en calidad de víctima, se cree todo lo que su agresor le ha metido en la cabeza que es”, cuenta la doctora García.

En sus protocolos, la psicoterapia para las víctimas es totalmente diferente que la psicoterapia para los agresores. Para las primeras, transita por la reparación de la autoestima dañada y para los segundos, por la contención de los impulsos agresivos.

“Hay un detalle interesante en la violencia intrafamiliar y es que muchas veces es cruzada, y muchas veces el rol de víctima y agresor es intercambiable”, observa la especialista, graficando la situación con la famosa pieza cantada por Celia Cruz de la autoría del compositor, contrabajista y pedagogo cubano Oscar Muñoz Bouffartique. “Eso se destapa en las dinámicas de familia que hacemos. Por eso hay mucha resistencia a este tipo de terapia cara a cara”.

La experiencia es inequívoca y confirma que no se pueden abordar los procesos de violencia intrafamiliar desde una arista unilateral, escuchando solo una versión de los hechos. “Hay que verlos a todos, porque son un colectivo”.

Éxito de los protocolos y estratificación

social sin foto estadística

El nivel de éxito que tienen las mediaciones intrafamiliares y los protocolos psiquiátricos aún no han pasado por la tabulación. Empíricamente, la doctora García habla de que es muy difícil que funcionen con un cien por ciento en la cohesión familiar, por lo que la aspiración es “lograr una funcionabilidad suficiente como para que se respeten y no se agredan” y en tal sentido, el estimado de éxito transita entre sesenta y setenta por ciento.

¿Es muy frustrante fallar para el treinta o cuarenta por ciento de los casos?

“Hay que decir que hicimos todo lo que pudimos. Cada vez que hago esta consulta digo con la mano en el corazón: lo único que quiero es tener la tranquilidad de que hice todo lo posible para salvar a una persona de una situación extrema y dramática… que no siempre lo consiga… bueno”.

Y la estratificación social de sus casos, cómo se comporta…

“Hay de todo. Porcentualmente, las personas pobres tienen menor conciencia de que presentan un problema. Los he citado a la consulta y no han venido, porque han normalizado la violencia como la única manera de estar en el mundo que conocen. No los puedo obligar. Hablando de la cuestión sociodemográfica, quizás lo que sí podemos decir es que las personas que vienen aquí, predominantemente tienen mejor nivel de instrucción. No estamos hablando siquiera de una estratificación económica, de mejor nivel de acceso a los bienes o servicios. De hecho los que menos vienen son los que mejor tienen su economía, tal vez porque han resuelto la mayoría de los problemas o discuten menos porque no les falta el dinero o un lugar confortable donde vivir”.

¿Existen estadísticas coloreadas por la piel?

“Creo que no. Son muy mestizas como Cuba. Aquí se rompen muchos estereotipos sociales. Los del escándalo no siempre viven en un solar ni son personas de predominio racial negroide con un cuarto grado de escolaridad. Aquí los he tenido caucásicos, universitarios, viviendo en una casa de dos plantas, climatizada en todas las habitaciones, con formas estruendosas y groseras de comportamiento”.

¿Y el matiz de la violencia es diferente en unos y en otros?

“Sí. Y no sé cuál es peor. En la gente solvente, el estilo de violencia es el chantaje de orden material. Mujeres maltratadas y universitarias, que han venido de provincia, y que no denuncian la violencia por temor a quedar en la calle o tener que regresar a sus lugares de origen. ‘Es verdad que él tiene su carácter, pero es verdad que él me tiene muy cómoda’, le escuché decir a una graduada de Bioquímica”.

Redes sociales. El impacto de la gran conversación

“¡Hum!”. La profesora Teresita García responde con una interjección cuando se le pregunta cómo ha modificado, alterado y penetrado la conversación social diaria y desterritorializada de las redes en el universo de la violencia intrafamiliar, en un país donde la telefonía celular ha tenido un explosivo crecimiento en los últimos años con 6,7 millones de usuarios activos por esta vía.

Para la especialista, las redes sociales invadieron y controlaron todavía más el apartado comunicacional de los individuos durante los encierros y las prevenciones por la epidemia de coronarivus. “Hay personas que pasaron a vivir en un mundo virtual, totalmente. Viven físicamente aquí y virtualmente fuera del país”, asegura.

Una escena cotidiana es ver en cualquier casa a la familia desperdigada con el móvil en la mano. Ya sea por los motivos que sean, el abuso de las redes y canales de información estaría deteriorando una de las funciones principales de la familia: la cohesión interna. “Su falta es una de las principales causas de disfunción familiar y al final, de violencia psicológica, violencia por abandono, violencia por descuido, por omisión. Entonces, lamentablemente, la irrupción de la telefonía celular ha atentado contra esa cohesión familiar”, advierte la experta y echa de menos los tiempos en que la familia cubana se sentaba en torno a una mesa “para comer y hablar de cosas agradables”.

¿Atiende a pacientes mediante el uso de redes?

“No. Siempre es cara a cara y si atiendo a alguien por WhatsApp es porque previamente lo traté en consulta. Me he negado, por ejemplo, a pedidos de conocidos que solicitan recomendaciones mías para migrantes que están trasponiendo fronteras. Por ejemplo, lo que se ajusta o viene bien para una personalidad histérica viene mal para una esquizoide. Entonces tienes que saber con quién estas intercambiando para poder ayudar”.

Feminicidios en Cuba. Un término en cuestión

A fines de septiembre pasado, las plataformas feministas cubanas Alas Tensas y Yo Sí Te Creo, no reconocidas legalmente, dijeron confirmar el feminicidio número 60 en Cuba en lo que va de 2023, cifra que casi duplica la de 2022, según sus criterios.

Las activistas insisten en que se declare un “estado de emergencia por violencia de género”, y abogan por una ley integral contra la violencia de género, toda vez que el asesinato por motivaciones machistas no está tipificado en el Código Penal.

Según el Tribunal Supremo Popular, en 2022 hubo dieciocho condenas por la muerte de mujeres, todas con sanciones —por el delito de asesinato— por encima de los veinticinco años de cárcel.

“Con el mayor respeto hacia esas organizaciones, la tipificación de feminicidio en este momento está en cuestionamiento, incluso en España, que fue uno de los primeros países en hablar de este tema”, actualiza la doctora García.

Para la psiquiatra forense, feminicidio es un término jurídico para sancionar con un mayor rigor lo que es un crimen de odio, como los provocados por homofobia, intolerancia racial, religiosa, etc. “Si no se dan las características que son médico-legales y criminalísticas de un crimen de odio, no se puede hablar de feminicidio”, aclara. “Se puede hablar de un homicidio que transcurre en un contexto de género, pero no de un feminicidio”, insiste.

Daño antropológico

Otro de los términos polémicos que se manejan en Cuba dentro de la sociedad civil es el daño antropológico. Se trata de un concepto acuñado por el profesor universitario Virgilio Toledo López en la década de 1990 para explicar una serie de actitudes individuales que van desde el deterioro del sentido moral y de valores hasta la naturalización de la violencia, pasando por la anomia social, principalmente generada por el divorcio entre la realidad y el discurso, y la crisis de futuridad que obliga a un presentismo sin reglas, el llamado sálvese el que pueda en el hoy y el aquí.

¿Podrá la sociedad cubana, sumida en una crisis permanente y multidimensional, sanar sus heridas ontológicas? No es una pregunta retórica para la doctora en Ciencias Médicas Teresita del Carmen García Pérez, autora, entre otros, del libro La autopsia psicológica: ¿suicidio u homicidio?, Editorial Científico-Técnica, 2014.

“Pienso que negar las posibilidades de solución sería bajar los brazos y decir que no hay nada que hacer. Pienso que sí, a futuro, de alguna manera, tendrá que repararse todo lo que ha sido destruido y distorsionado; que los valores podrán ser reparados, lo que muchos, generacionalmente hablando, no tendremos tiempo para verlo, porque no es una situación de unos años para que pueda ser revertida. Estimo que el daño mayor ha sido en los últimos tres años, porque anteriormente las personas fueron reacomodando sus estilos y necesidades de vida, pero ahora sí hay una situación de quiebre bastante generalizada y en algunas investigaciones que hemos hecho marcamos un antes y un después de 2020. La pandemia y el ordenamiento fueron dos procesos a partir de los cuales se ha producido un punto de no retorno y desde la perspectiva de la salud mental tratamos de darles herramientas a las personas para mejor manejarse dentro de esa situación, pero tenemos que reconocer que es bien complicado y bien difícil”.

Las armas de una psicoterapeuta sin Facebook

Usted es una profesional de larga data, con experiencia forense, por tanto estuvo expuesta por muchos años a casos horripilantes, y ahora lidia con la violencia intrafamiliar. ¿Tiene mecanismos creados de disipación para enfrentar todo este entorno tan ingrato y a veces, literalmente, sórdido y aberrante?

“Sí, claro. ¡La familia! Cuando sales y cierras la puerta de la consulta, lo dejaste atrás. Por eso digo no a las redes. No tengo ni Facebook. No es que sea reacia a la tecnología, pero a veces las redes intoxican. Cuando la COVID, se comprobó que en determinados lugares se crearon escenarios de pánico por la hipertrofia de información magnificada. Así que llegar a mi casa es llegar a mi santuario, a mi familia, a mi nieto, a las cosas lindas de la vida”. W

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