Alocución Domingo 23 de mayo, Fiesta de Pentecostés

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Gracias a todos los que hacen posible esta transmisión radial, hoy domingo 23 de mayo, Fiesta de Pentecostés o Venida del Espíritu Santo, que celebramos 50 días después del Domingo de Resurrección. La primera lectura de la liturgia está tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, capitulo 2 versículos 1 y siguientes.

(EVANGELIO)

¿Quién es el Espíritu Santo? Jesús anuncia insistentemente la venida de alguien, una persona divina que nos cambiará y hará posible que vivamos como Él. Jesús promete que el Espíritu Santo, abogado defensor, estará con sus seguidores y nos exhorta a pedirlo a Dios Padre. Cuando tengan que dar razón de su Fe ante los poderosos no serán ustedes quienes hablen, sino que el espíritu de Dios hablará por ustedes. Este mismo Espíritu hará comprender a todos los discípulos de todos los tiempos la enseñanza de Jesús y el significado de la actuación de Dios en todos los acontecimientos de la historia.

La hora del Espíritu ha llegado el día de Pentecostés. Reunidos en un mismo lugar, de repente un ruido del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa y se les aparecieron lenguas de fuego repartidas sobre cada uno de ellos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo. Los apóstoles pierden el pánico y anuncian que Jesús ha resucitado en menos de un siglo al mundo entonces conocido. También a nosotros se nos ha dado el Espíritu Santo, lo hemos recibido en el bautismo y se ha confirmado en nosotros en el sacramento de la Confirmación y nos va transformando de una manera interior progresiva, hasta tal punto que podemos decir: “vivo yo pero no yo, es Cristo quien vive en mí”.

El Espíritu Santo viene todos los días sobre la Iglesia y las personas de buena voluntad. Tú cuentas con su inspiración y sus dones, déjate guiar por él. El Espíritu Santo, artífice de las obras de Dios, es el maestro de la oración y es el que nos descubre el sentido de la Biblia que él mismo inspiró. Es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Dios padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo son tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Con la Iglesia universal manifestamos nuestra Fe: Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Hoy, con la Iglesia universal rezamos una antigua oración al Espíritu Santo. Recen y repitan conmigo:

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

AMÉN.

 

(CANTO)

La carta de San Pablo a los cristianos de Galacia nos dice en el capítulo 5 versículos 22 al 26:

(EVANGELIO)

Hace muchísimos años vivió en la Isla de la Juventud un abuelo sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida, y por eso se consideraba el hombre más feliz del mundo. Muchos vecinos le ofrecían dinero y hasta intentaron robar el cofre, pero todo era en vano. Y mientras más lo intentaban nunca pudieron lograrlo. Un día el nieto mayor le dijo a su abuelo: “Abuelo,  al igual que tú también quiero ser inmensamente feliz, ¿por qué no me enseñas lo que tengo que hacer para conseguirlo?”. El abuelo sabio al ver la sencillez y la pureza de su nieto le dijo: “A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres donde guardo el secreto para ser feliz. Estos cofres son mi mente y mi corazón. Y el gran secreto para ser feliz no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida. El primer paso es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida y, por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todo lo que tiene. El segundo paso es quererte a ti mismo y todos los días, al levantarte y al acostarte afirmar, “yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí y no hay obstáculos que no pueda vencer porque soy la mejor creación de Dios”. El tercer paso es poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente actúa inteligentemente estudiando y sacando buenas notas; si piensas que eres capaz, hazlo, haciendo bien todas tus actividades; si piensas que eres cariñoso, muéstrate como tal en tu trato con los demás; si piensas que no hay obstáculos que no pueda vencer, entonces proponte metas en la vida y lucha por ellas hasta alcanzarlas. El cuarto paso es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es. Ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas. El quinto paso es que el rencor no debe ser huésped de tu corazón, ese sentimiento no te dejará ser feliz. Deja que las leyes de Dios hagan justicia, tú perdona y olvida. El sexto paso es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen. El séptimo paso es que no debes maltratar a nadie. Todos los seres de este mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera. Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito. Piensa en lo afortunado que eres al tener lo que tienes. Ayuda a los demás sin pensar que vas a recibir algo a cambio. Mira las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales a ellos también el secreto para ser un triunfador y que de esta manera puedan ser felices.

El abuelo, lleno de los dones del Espíritu Santo y lleno también de los grupos del Espíritu Santo, dejó la mejor herencia a sus nietos.

(CANTO)

Hace unos años había un programa de televisión en el cual un artista invitaba a los niños a hacer garabatos en una hoja de papel. Luego el artista creaba algo muy lindo usando esos garabatos. Un garabato se convertía en la cola de caballo de una niña, otro se convertía en el brazo de un niño. En cierto sentido eso es lo que Dios quiere de nosotros. Dios quiere que tomemos nuestras debilidades, nuestros garabatos y que las convirtamos en algo bellísimo, Dios quiere hacer aún más. Dios quiere unirnos a Jesús, darnos el poder del Espíritu Santo y convertirnos en templos vivos de la presencia divina en nuestro mundo y hacer de todos una gran familia. Ven Espíritu Santo.

(CANTO)

La alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo. San Juan Pablo II desde el cielo nos dice:

“Jóvenes sean ahora y siempre portadores y trasmisores de la alegría cristiana. Lleven la alegría cristiana en sus corazones, alegría que brota de la Fe serenamente aceptada, intensamente profundizada mediante la meditación personal y el estudio de la Palabra de Dios y de las enseñanzas d la Iglesia, dinámicamente vivida en la unión con Dios en Cristo, en la oración y en la práctica constante de los sacramentos. Lleven la alegría cristiana al ambiente en que viven normalmente, sus familias, sus amigos… Sean transmisores cantando la alegría de vivir, de estar en paz con ustedes, con los otros y con Dios. Comuniquen la alegría siendo amigos y hermanos sinceros de Jesús. Brinden alegría realizando las enseñanzas del Evangelio. Den alegría a los mayores, que a veces parecen haber perdido el sentido de la verdadera alegría. La alegría es el elemento esencial del Evangelio. Les deseo esta alegría y al mismo tiempo sean cada vez mas mensajeros de la alegría de Cristo”.

(CANTO)

Rezamos con san Agustín:

“Respira en mí, oh Espíritu Santo, para que mis pensamientos puedan ser todos santos. Actúa en mí, oh Espíritu Santo, para que mi trabajo también pueda ser santo. Sedúceme, oh Espíritu Santo, para que solo ame lo que es santo. Fortaléceme, oh Espíritu Santo, para que defienda todo lo que es santo. Guárdame pues, oh Espíritu Santo, para que yo siempre pueda ser santo”. AMÉN.

Rezamos con el Papa y los católicos del Santuario de Nuestra Señora del Cabo en Canadá, por el fin de la pandemia y particularmente por las fuerzas del orden, los militares y los bomberos.

“Dios te salve María, llena eres de gracia; El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora nuestra muerte”. AMÉN.

Y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos los enfermos, sobre todos los que los cuidan y atienden, y permanezca para siempre. AMÉN.

(CANTO)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del Arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García.

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