Alocución domingo 16 de mayo, Domingo de la Ascensión del Señor.

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial, hoy domingo 16 de mayo, Domingo de la Ascensión y subida al cielo de Nuestro Señor Jesucristo.

En todas las iglesias católicas del mundo, como primera lectura de la misa, escuchamos el capítulo 1, versículos 1 al 11 del Libro de los Hechos de los apóstoles.

(EVANGELIO)

El evangelista San Lucas, en su primer libro del evangelio, nos ha narrado la vida de Jesús. Nacido en Belén de la Virgen María, adorado por pastores y reyes, cuidado por la Virgen y San José, predicador de la Buena Noticia del amor de Dios, consolador de los afligidos, Maestro de la verdad de Dios al pueblo, hace milagros, sana enfermos, perdona a pecadores, celebra la Cena de la Pascua con sus apóstoles, es apresado, insultado, flagelado, coronado de espinas, crucificado y resucita al tercer día y promete la venida del Espíritu Santo a su Iglesia y regresa a la Casa de Dios Padre en el cielo.

Deja una misión a sus seguidores, que nos cuenta el evangelio de San Marcos 16, 15-20.

(EVANGELIO)

A cada uno de los seguidores de Cristo se nos ha pedido ir y predicar el Evangelio. Hay muchos cristianos que han ido a los confines del mundo. Pero a cada uno de nosotros nos pide ir a los que amamos, ir a los que nos rodean: ir a los hijos, los nietos, los familiares, los amigos y hablarles de Jesucristo, de su evangelio, de sus enseñanzas. Contarles lo que hemos vivido, sentido y experimentado en la Iglesia, en la oración, en la misa.

Los que amamos ven lo que significa para nosotros creer en Cristo, vivir como Cristo. Para cada cristiano es un gozo y una alegría contemplar cómo los que están alrededor nuestro se acercan a Cristo, quedan cautivados por Cristo, viven como Cristo. Así, pues, estamos predicando el evangelio.

En nuestra enseñanza y predicación encontraremos, dificultades, rechazo, indiferencia, burlas… Pero el Espíritu Santo prometido nos llenará de fortaleza y perseverancia.

Y esperamos un día, después de haber vivido como Cristo, estar con Él en la casa del cielo junto con todos nuestros familiares y amigos.

(CANTO)

Uno de los momentos culminantes de una carrera de relevo en las Olimpíadas, es cuando un corredor le pasa el batón a otro.

Muchas carreras se han ganado o perdido en ese momento más que en ningún otro. El pasar el batón es una buena imagen de la Ascensión de Jesús. El Señor nos entrega el batón de su reino, de su Iglesia. Él nos ha pasado la responsabilidad de hacer presente el evangelio, el amor, en nuestros hogares, barrios, iglesias. Y cada uno de nosotros estamos llamados a pasar esta responsabilidad a nuestros hijos y nietos.

El compositor italiano Giacomo Puccini sufrió un cáncer mientras trabajaba en su última ópera titulada Tirandot. Él dijo a sus alumnos: “Si no la termino, termínenla por mí”. Poco después fallecía. Sus estudiantes cumplieron con su deseo. En 1926, Arturo Toscanini dirigió el estreno de la ópera en la ciudad de Milán. Cuando la ópera llegó al punto en el cual Puccini no continuó, su discípulo Toscanini paró, se volteó a los asistentes y les dijo: “Hasta aquí escribió el Maestro y luego falleció”. Un silencio reverente llenó el teatro. Luego Toscanini levantó la batuta nuevamente, sonrió entre lágrimas y dijo: “Pero nosotros, sus discípulos terminamos su ópera”. Al concluir, los asistentes irrumpieron en un sonoro y largo aplauso.

¿Cuán preparado y deseoso estoy de continuar la misión que Jesucristo me ha dejado para terminar su obra?

(CANTO)

Nuestras familias, nuestras iglesias, nuestras amistades, necesitan más personas que trabajen, y menos que desaprueben. Más hacedores y menos habladores; más individuos que digan “se puede hacer”, y menos que repliquen “imposible hacer”. Más animadores que inspiren a los demás con confianza, y menos, cuyo oficio sea desanimar a aquellos que intentan hacer algo bueno. Más valientes que se lancen al fondo del problema y hagan algo por resolverlo, y menos consejeros que se reúnan para buscar defecto en todo. Más amigos que nos digan lo que está bien; y menos criticones que nos juzgan por lo que está mal. Más personas que enciendan una chispa en la oscuridad y menos que se contenten por maldecir las tinieblas.

(CANTO)

El Papa San Pablo VI nos habla de la alegría propia de este tiempo Pascual:

  • Constituye para la Iglesia una exigencia de amor, invitarlos a participar en esta alegría sobreabundante que es un don del Espíritu Santo.
  • Que la alegría se difunde en los corazones juntamente con el amor del que ella brota, por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
  • Dios dispone la inteligencia y el corazón de su criatura –aun antes de manifestarse personalmente mediante la revelación- al encuentro de la alegría.
  • El hombre experimenta la alegría cuando se halla en armonía con la naturaleza, y sobre todo la experimenta en el encuentro y en la comunión con los demás.
  • El hombre conoce la alegría cuando su espíritu entra en posesión de Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable.

Poetas, artistas, pensadores, hombres y mujeres simplemente disponibles a una cierta luz interior, pudieron, antes de la venida de Cristo, y pueden en nuestros días, experimentar de alguna manera la alegría de Dios. No puede olvidarse el deber primordial de amor al prójimo, sin el cual sería poco oportuno hablar de la alegría. El creador pone en nuestro camino múltiples alegrías humanas: La alegría exaltante de la existencia y de la vida; la alegría exaltante del amor santificado; la alegría de la naturaleza y del silencio; la alegría del trabajo; la alegría del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio.

(CANTO)

Hoy rezamos con el Papa Francisco y con los presentes, desde la Catedral de Santa María, en Australia, por el fin de la pandemia y por las víctimas de la violencia y de la trata de seres humanos.

Rezo: Dios te salve, María…

(CANTO)

El próximo domingo, 23 de mayo, celebramos la Fiesta de Pentecostés. Celebramos la venida, continua y perenne del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Rezamos intensamente para que nos de su fortaleza y así cumplir la misión que el Señor Jesús nos ha encomendado.

Todos estos días podemos rezar:

Ven Espíritu Divino,

manda tu luz del Cielo.

Padre amoroso del pobre,

don en tus dones espléndido.

Luz que penetras las almas,

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo.

Tregua en el duro trabajo,

brisas en las horas de fuego.

Gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del alma

si tú le faltas por dentro.

Mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

cana el corazón enfermo.

Lava las manchas.

Infunde calor de vida en el hielo.

Doma el espíritu indómito.

Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito.

Salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

(CANTO)

Nos unimos al Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, al Crucificado, al Resucitado, al que está en la gloria de Dios Padre y nos envía su Espíritu Santo en comunión espiritual.

(CANTO)

La bendición de Dios Padre, que nos creó para constituir una bella y hermosa familia; la bendición de Jesucristo, que nos acompaña en alegrías y penas; la bendición del Espíritu Santo, que puede lograr nuestros sueños, descienda sobre los enfermos, sobre los que tratan de curar a los enfermos y sobre todas nuestras familias. Amén

(CANTO)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del Arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García.

Se el primero en comentar

Deje un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*