Una noche en Miami

Por: José Antonio Michelena

Cuatro hombres en pugna

 

El 25 de febrero de 1964, en un cuadrilátero situado en el Convention Hall, en Miami Beach, Cassius Clay vence a Sonny Liston y se convierte en campeón mundial de boxeo en los súper pesados a la edad de 22 años. Unas horas después, en un motel de la misma ciudad, el joven monarca se reúne con otros tres afroamericanos prominentes: Malcom X, Sam Cooke y Jim Brown. Esa reunión ficticia es el sustrato del film Una noche en Miami, basado en la obra de teatro homónima de Kemp Powers, quien es, asimismo, el guionista de la obra cinematográfica dirigida por Regina King.

La mayor parte de la película se desarrolla en la habitación del motel donde se hospedaba Malcom X. Allí se dirigieron Clay, Cooke y Brown, citados por el activista musulmán. Los convocados pensaron que sería una reunión festiva, pero desembocó en acaloradas discusiones sobre la discriminación racial.

El debate llega a su mayor tensión por los desacuerdos entre Sam Cooke y Malcom X: mientras que el primero consideraba que el empoderamiento económico era fundamental para que los negros accedieran al resto de sus derechos civiles, y que él –como cantante, compositor y productor– estaba empujando duro en ese terreno, Malcom pensaba diferente: creía que Cooke debía utilizar sus canciones para portar un mensaje social explícito hacia su gente. Es la vieja –y superada– discusión sobre el compromiso político del artista y la carga ideológica expresa en la obra de arte.

El encuentro de ese cuarteto en Miami tiene lugar en coyunturas diversas en la vida de cada uno. Mientras Cassius Clay acaba de ascender a la cima del boxeo, Sam Cooke –en la música– y Jim Brown –en el fútbol americano– están en la cúspide de sus carreras. Sin embargo, Malcolm X estaba a punto de romper con La Nación del Islam, por serias desavenencias con su líder.

La película muestra la angustia por la que atraviesa Malcolm, apenas contenida ante su esposa, pero que irrumpe en llanto junto a Jim Brown, el personaje que aporta la mesura en medio de las confrontaciones en el motel. Exponer el costado humano del Malcolm X –sobre todo como amoroso padre y esposo– es una de las vitudes del film, porque rompe los estereotipos, como igualmente hace con Cassius Clay, un jovencito divertido, locuaz, extrovertido, lenguaraz ante la prensa y en el ring, pero exigente en los entrenamientos, estudioso de su deporte y consciente de su responsabilidad social.

Si los mayores forecejeos verbales esa noche ocurrieron entre Malcom X y Sam Cooke, también Cassius Clay tuvo su desencuentro con Malcolm, pues este abandonaría La Nación del Islam cuando el boxeador estaba a punto de ingresar en ella bajo su influencia. Lo que Clay tampoco sabía es que Malcom pensaba en su apoyo para formar un nuevo grupo musulmán en Estados Unidos. En los últimos planos del film vemos al campeón boxístico durante la ceremonia de entrada a La Nación del Islam. En lo adelante su nombre será Muhammad Alí.

Paradógicamente, a Sam Cooke, el artista, lo asesinaron dos meses antes que a Malcom X, el actvista más duro y más militante. El primer cantante afroamericano en fundar su propia empresa discográfica fue ultimado en California el 11 de febrero de 1964, mientras que el crimen de Malcom, considerado uno de los afroamericanos más influyentes en la historia de su país, ocurrió en Nueva York el 21 de febrero de 1965.

La trama criminal de ambos sucesos todavía genera misterios. Así lo atestiguan dos producciones cienamatográficas recientes: el documental Los dos asesinatos de Sam Cooke (Netflix, 2019) y la primera temporada de la serie Quién mató a Malcolm X (Netflix, 2020).

Además de Una noche en Miami, el racismo y las luchas de los afroamericanos están presentes en otros dos notables films de esta temporada: Judas and the Black Messiah y Da 5 Bloods.

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