Celebramos la solemnidad de la Epifanía o fiesta de los Reyes Magos, una fiesta muy cargada de símbolos y significados para nuestra fe cristiana, pues es la revelación de la presencia del Dios encarnado. En Jesucristo se reconocen todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Frente a Cristo, rey de luz, estarán siempre los Herodes de cada época y lugar como reyes de tinieblas. Herodes se “reencarna” en todos aquellos que someten, oprimen, engañan, humillan, manipulan, violentan o matan a quien haga falta para mantenerse en “su poder”. La figura de Herodes también representa el mal al que siempre estamos expuestos. Sobre todo, el mal que puede ir contra el amor y la fe, contra los demás y contra nosotros mismos. Así como los Magos se pusieron en camino fiados de una estrella, también nosotros estamos invitados a ponernos en camino fiados de Cristo, desprendiéndonos de todo aquello que no nos permite ser sus discípulos. Solo a Dios se le puede ofrecer y entregar todo. Desde la imagen de los Reyes Magos, los cristianos estamos llamados a ser misioneros; transformados por la experiencia viva del encuentro con Jesús, somos enviados por Él a ser testigos de su luz.
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