Memorias y esperanzas

Por: Antonio López Sánchez

El año 2020 será recordado por la humanidad toda como uno de los más terribles de este nuevo siglo. Como si no bastaran guerras, miserias diarias y desmanes climatológicos y humanos, una epidemia vino a poner de moda a la muerte y a cambiar, al menos por un buen tiempo todavía, las vidas de todas las personas.

En medio de ese panorama, el reloj no se detiene. Junto con sus manecillas, avanzan también los diversos acontecimientos que marcarán la ruta de nuestras existencias el próximo año. Hagamos un breve pase de revista, aquí en intramuros, para intentar descubrir qué nos depara el porvenir, mientras escudriñamos un poco lo que nos deja el pasado reciente.

 

Calendario con nasobuco

El año ha estado marcado, en primer lugar, por la brutal expansión de la covid-19. Después de lo vivido, el término viral, tan profusa y a veces festivamente usado en las redes, suena ahora de modo terrible por lo vívido y real de sus horrores. Hay millones de contagiados y de muertos, sistemas de salud colapsados y, otra vez, junto al heroísmo del personal de la salud y los gestos altruistas de países y simples personas, aflora también la indigencia humana de políticos y sesudos.

A estas alturas, todavía hay algunos que prefieren no usar el nasobuco, en nombre de la libertad personal, o reniegan de las vacunas, considerándolas un método de control del poder. Sobran ejemplos de gobernantes con pésima o nula gestión ante el avance de la enfermedad, como ese que afirmaba que la pandemia desaparecería por ensalmo. Tales ejemplos, aportan la medida de cuán estupidizada se halla una buena parte de la especie supuestamente racional y superior. Si se enfermaran solos estos personajes, no habría problemas, pero cada enfermo puede contagiar a muchos. De ahí lo peligroso de divulgar o practicar tales tonterías anticientíficas.

En Cuba, a pesar de la muy compleja situación económica del país (que la propia epidemia agrava) el manejo de la situación por parte de las autoridades ha sido positivo. Desde los hitos de la enfermedad, su seguimiento, la información y educación constantes a la población, hasta el cálculo de las magnitudes de los posibles rebrotes y las medidas en cada caso, el devenir de los sucesos ha tenido estrecho seguimiento en el país. No hemos visto las dantescas imágenes de otras naciones y nuestros números se mueven en parámetros aceptables. Por desgracia, a pesar de todo eso, resulta imposible evitar las muertes y los contagios. Cuba paga también su cuota de dolor y el sufrimiento de las personas ante sus pérdidas, que es imposible de cuantificar. Para familias y allegados, un solo fallecido es una cifra inmensa. Solo queda el esfuerzo por que estos números sean los más bajos posibles.

Es innegable que las autoridades nacionales han logrado la estructuración y funcionamiento de un sistema de aislamiento, pesquisa, prevención y atención de la enfermedad, así como la información y la toma de medidas globales y particulares en cada circunstancia. Estos renglones, no sin sus obvias sombras y encontronazos, por lo general resueltos, han funcionado de manera positiva por parte de los responsables de conducir tales gestiones. La población, aunque con altibajos, en buena medida ha respondido también. A pesar de los rebrotes, los contagiados se mantienen bajo control y eso expresa que hay más cuidado por parte de las personas, al asumir sus responsabilidades.

La parte negativa ha estado en la imposibilidad de las instancias estatales de mantener abastecimientos regulares y bien distribuidos de una buena lista de productos vitales, a fin de evitar las colas que se han hecho el pan nuestro desde hace meses. Los precios disparados en agros y mercados negros, los estantes vacíos en las tiendas de CUC y una latente dificultad para adquirir alimentos y otros productos, han sido el otro padecimiento que ha traído la pandemia. Esto se relaciona con otro de los factores que marcan al 2020 y que mantiene en vilo, ahora mismo, a expertos, adivinos y escépticos. ¿Qué nos trae el 2021 en materia de economía? Hagamos un breve paneo, sin bola mágica.

 

La insoportable levedad del peso del peso

Sin dudas, el principal acontecimiento económico del año venidero será la reunificación monetaria. El todavía vilipendiado peso cubano debe recuperar su valor como moneda única y, tal como alguna vez rezara en su cuerpo de papel, servir para pagar toda obligación contraída en el territorio nacional. Los prometidos aumentos de sueldo deberían devolver al otro vilipendiado, el salario, la capacidad de obrar como el protagonista de la subsistencia diaria. Visto así, nada negativo puede haber en tales pretensiones.

Sin embargo, ahora mismo son más las preguntas que las respuestas posibles. El detalle de la creación de las tiendas en MLC, y el desabastecimiento de los antes orgullosos y coloridos estantes en CUC, hace generar desconfianzas y recelos. Para muchos, significa tan solo poner un collar más caro al mismo perro monetario que durante tres décadas ha divido en clases pudientes y desafortunadas a nuestro país, según la moneda que ostenten sus bolsillos. Nuevamente, el fantasma de tener que adquirir los productos necesarios en una moneda que no percibimos por nuestro trabajo se alza en el presente y nos hace mirar hacia el futuro. Con el agravante de que, ahora, esa otra moneda ni siquiera se genera en el propio país, sino que depende de remesas desde el exterior y de los vaivenes políticos propios y ajenos. Las autoridades han expresado que no se dolarizará la economía, que las medidas son provisionales, que es una necesidad momentánea ante el escenario actual que atravesamos. Esperemos todos que esa provisionalidad no se eternice otras tres décadas.

Por otro lado, la propia economía cubana, a pesar de lineamientos por aplicar y planes por llevar a cabo, no acaba de enrumbarse firme a producir más y mejor. Existen todavía miles de trabas, escritas y mentales, que sobreviven a pesar de los llamados presidenciales y de voces populares y especializadas y que dificultan el día a día de la población en múltiples renglones capitales. La pandemia constituye un serio agravante que corta exportaciones, importaciones e impide valiosas entradas de dinero al país desde el turismo y otros rubros. La manifiesta hostilidad de la administración de Donald Trump, sus medidas para ahogar la economía cubana, más la persistencia de nuestros propios errores y bloqueos, no hacen más fácil y despejado el panorama. El cambio económico que se avecina en la Isla debiera también cambiar mentalidades, borrar burocracias y simplificar muchos procesos que lastran el despegue de nuestra economía y de muchos acápites de la vida interna de la nación.

Por el momento, no pocos émulos del sempiterno santo Tomás esperan atrincherados en el ver para creer. Ante la carencia casi total de peces y las colas diarias para los panes, ninguno de ellos multiplicados a pesar de ciertas voces en exceso optimistas, ignorantes o complacientes, no sobran reticencias en la evaluación de lo que vendrá. Ojalá y lo que vean estos escépticos no sean solo las repetidas marcas de clavos y heridas de lanza de la escasez y la ineficiencia en el cuerpo de nuestros bolsillos y mesas del día a día, sino la ya imprescindible resurrección definitiva de la economía nacional.

 

La política y la azucarera

El otro escenario que marca este 2020 es la derrota electoral de Donald Trump en la carrera por la presidencia de los Estados Unidos. Mucha tela por donde cortar hay para analizar este hecho. Esbocemos apenas algunos, los más cercanos.

Llama la atención, en primer término, la cruda polarización, aquí y en los Estados Unidos, no ya de demócratas y republicanos, sino de cubanos de ambas orillas en las posturas a favor o en contra del magnate norteño. Triste es el odio, el deseo de algunos que hasta hace poco caminaban también nuestras calles, de que el gobierno de Estados Unidos siga tratando de hundir la economía cubana, en espera de una supuesta rebelión popular antigubernamental. Algunos, airados, cuestionan el interés de esta orilla (como si en Rusia, Francia o Japón no hubiera el mismo interés en tales resultados) y hasta alegan que deberíamos resolver primero nuestros asuntos antes de inmiscuirnos en los ajenos. En honor a la verdad, el resultado presidencial de la potencia más grande del planeta, es interés de todos. Lo peor es que muchos de esos defensores de la democracia de hoy, apenas ayer estaban aquí y padecían igual las consecuencias de los ataques de afuera y de las tozudeces de adentro. Los que seguimos aquí, bajo esas visiones, somos culpables por quedarnos y “no hacer nada”, de ahí que merecemos la asfixia.

Por supuesto, Joe Biden ni es comunista, ni desistirá en los objetivos de cambiar el sistema social y político cubano, ni quitará mañana el bloqueo. No obstante, la sola idea de que un mandatario intente lograr que dos países se lleven como vecinos respetuosos, sin que uno trate de sojuzgar al otro con violentas medidas coercitivas, es de por sí fuente de optimismo. Mientras más se amplíen los lazos entre las dos naciones, en todo sentido, más fácil debe ser entonces la vida para muchos, en las dos orillas y más viable avanzar en el diálogo de los temas más ríspidos.

Toca ahora, si por fin Biden se muestra más racional, no responder a la mano tendida con el enquistamiento y la bravuconería. Para muchos, por desgracia en las dos orillas, el odio, la tensión y el enfrentamiento constituyen su modo de vida y sustento. Si se acaba la confrontación, se acaban miles de pretextos, de actos de agresión perenne mutua y de jugosas fuentes de negocio y sostén ideológico y económico que benefician hoy a unos pocos en ambos lados. Las buenas relaciones, los miles de posibilidades de cooperación mutua en disímiles áreas, la distensión, beneficiarían a muchos más, en especial a muchas familias.

Una nueva presidencia de Estados Unidos con actitudes menos agresivas hacia Cuba, no sería el bíblico maná, ni va a solucionar por arte de magia nuestros numerosos problemas (pues muchos dependen solo de nosotros). No obstante, sin discusión, haría mucho más llevadera la vida diaria a un pueblo al que ya le sobran escaseces y límites. Sin genuflexiones, ni entreguismos, pero también sin la ofensa a priori, sin anquilosamientos que perpetúan ese modus vivendi basado en el antagonismo, una relación como iguales traería paz, prosperidad y alivio.

Entonces, con la llegada de un año nuevo, hay un sol mínimo, pero tangible, que parece alzarse en el horizonte por venir a pesar de los muchos cielos tormentosos que nos acechan. A la esperanza, esa increíble cualidad humana, le toca de nuevo ser el motor que haga sobreponerse al espíritu ante las adversidades. Por ensalmo, el simple cambio de calendario a un año nuevo no traerá mágicas transformaciones. Sin embargo, esa nueva hojita del almanaque, bajo el hechizo de nuestras fuerzas y voluntades, puede ser la luz que disipe por fin las sombras que nos han acompañado últimamente. Con nuestra fe y nuestros empeños, tratemos de hacerla brillar. Ω

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