Tercer día de la Novena a la Virgen

1 de septiembre del 2020

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Santa María de la Caridad, Madre del Señor
Jesús, te veneramos con especial cariño y
amor.
Te alabamos, Madre y Patrona del pueblo
cubano, porque has estado presente en
todas las luchas, penas y alegrías de tu
pueblo.
Virgen Mambisa, proclamada y venerada
por nuestros veteranos, te pedimos que
hoy, como ayer, estés presente en la vida
de tu pueblo querido: este pueblo que busca
el amor, la comprensión y la unión sincera
de todos los cubanos.
Te ofrecemos; el esfuerzo de nuestros
cristianos, el trabajo de nuestros obreros y
campesinos, el estudio de nuestros jóvenes,
la sonrisa de nuestros niños, el dolor de
nuestros enfermos, el desvelo vigilante y
callado de todas nuestras madres, la
soledad de tantos hermano, viudas y
huérfanos la entrega generosa de nuestros
mártires y difuntos, el sentimiento noble y
sencillo de nuestro pueblo
Madre de la Caridad, llegue hasta tu altar
del Cobre, tan amado y venerado, las
súplicas que te presentamos.
Amén

 

Maria, madre del Dios con nosotros

Celebramos el «admirable misterio» y el «inefable designio» por el que el Padre misericordioso envió a su Hijo «desde el cielo al seno de la santa Virgen», a fin de que fuera para nosotros «palabra de salvación y pan de vida». Dios ha venido. Está aquí. Y, en consecuencia, todo es distinto de como a nosotros nos parece. El tiempo, que había sido hasta entonces un flujo sin fin, se ha convertido en acontecimiento que imprime silenciosamente a cada cosa un movimiento en una única dirección, hacia una meta perfectamente determinada. Estamos llamados, y el mundo juntamente con nosotros, a contemplar en todo su esplendor el rostro mismo de Dios. Proclamar que Dios ha tomado nuestra humanidad significa afirmar que Dios, a través de su Palabra hecho carne, ha dicho su última palabra, la más profunda y la más bella de todas. La ha introducido en el mundo, y no podrá retomársela, porque se trata de una acción decisiva de Dios, porque se trata de Dios mismo presente en el mundo. Y he aquí lo que dice esta palabra: «Mundo, ¡te amo! Hombre, ¡te amo!». la persona misma de Dios se ha hecho visible en el rostro de un Niño sencillo y pobre, pero rico en amor hacia todos. Confesará san Ireneo: «El Hijo de Dios se ha hecho hombre para que el hombre, unido al Verbo, pudiera recibir la adopción y llegar a ser hijo de Dios».

La Imagen Bendita de la Virgen de la Caridad trae en sus brazos, muy cerca de su corazón, un pequeño niño, su Hijo, el fruto bendito de sus entrañas, el que toma carne por la acogida de la Palabra de Dios que ha recibido del mensajero de Dios. Esta contemplación que podemos hacer de la Virgen Bendita nos invita a conmemorar la fe y la humildad con que santa María lo recibió en su corazón y lo «llevó encerrado en sus entrañas». Por esto la humilde Virgen de Nazaret es para nosotros un ejemplo con cuya imitación recibamos en nosotros al Hijo de Dios: «recibir a Cristo como ella, conservando sus palabras en el corazón y celebrando con fe sus misterios» y, en consecuencia, lo manifestemos «con obras dignas de santidad» y lo confesemos «de palabra y de obra».

La Iglesia ante el misterio del nacimiento del Hijo de Dios se inclina en el asombrada y conmovida proclama: «Nace de una virgen aquel que es engendrado en la eternidad del Padre».

La paz en la tierra y la gloria en el cielo, proclamadas por los ángeles el día de Navidad, se prolongan en la semana siguiente, primero con el recuerdo del protomártir Esteban, primer diácono de la Iglesia (26 de diciembre), después con la penetración contemplativa de la palabra de vida del evangelista Juan (27 de diciembre) y con el testimonio del martirio de los Santos  Inocentes (28 de diciembre). Además, la fiesta de la Sagrada Familia (primer domingo después de Navidad), modelo de vida familiar en el mundo, pero abierta al plan de Dios, y la fiesta de la Madre de Dios (l de enero), ulterior mirada sobre el Autor de la Vida por medio de María, nos introducen en una reflexión más amplia sobre los misterios de la vida cristiana. La celebración de la epifanía (6 de enero), fiesta de la luz, nos permite empezar a conocer y ver a Dios, ya aquí entre nosotros, para poder contemplarlo después en el pleno esplendor de la patria futura. Y la celebración del Bautismo de Jesús, inicio de su misión profética, tras la investidura solemne del Padre y del Espíritu Santo en las aguas del Jordán, donde es proclamado «Hijo querido»

Todos estos acontecimientos nos abren el horizonte y nos presentan a el Hijo de Dios, que al nacer de la Virgen penetra en la realidad humana, la asume y la experimenta para desde ella alcanzar la salvación a todos.

María de la Caridad, nos trae a su Hijo, el Hijo de Dios, y nos lo presenta como vida nueva para nuestro nacer como pueblo, como familia de Dios.

Decena del Rosario

En este momento piensa en silencio aquella gracia que quieres pedir a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad durante esta novena (Breve silencio).

Ofrecemos esta decena del rosario por todos nosotros que hemos acompañado a la Virgen, pidiéndole a Ella que nos alcance la nueva vida de su Hijo Jesucristo para nuestras familias, para nuestra Nación y para nuestra Iglesia.

 

ORACIÓN FINAL

Virgen de la Caridad del Cobre «Has venido
a visitar nuestro pueblo y has querido
quedarte con nosotros como Madre y Señora
de Cuba, a lo largo de su peregrinar por los
caminos de la historia».
– «Tu nombre y tu imagen están esculpidos
en la mente y en el corazón de todos los
cubanos, dentro y fuera de la Patria, como
signo de esperanza y centro de comunión
fraterna».
– «¡Madre de la reconciliación! Reúne
a tu pueblo disperso por el mundo. Haz de la
nación cubana un hogar de hermanos y
hermanas, para que este pueblo abra de par
en par su mente, su corazón y su vida a
Cristo, único Salvador y Redentor».
Compromiso personal
¿A qué me comprometo a vivir en este día?
Pienso en algo concreto
que pueda hacer para manifestar el amor y
la fe en el Señor.
Bendición
El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna. Amén.

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