Alocución domingo 21 de febrero de 2021

Por: Arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial en el primer domingo de Cuaresma. Hoy, 21 de febrero, en todas las iglesias católicas del mundo se lee el evangelio según San Marcos, capítulo 1, versículos 12 al 15.

(EVANGELIO)

 

El evangelio nos dice que el Espíritu empujó a Jesús a retirarse al desierto donde permaneció 40 días y fue tentado por Satanás.

Después del bautismo en el río Jordán, Jesús se retira al desierto para orar. Es su primera acción.

El desierto es un lugar de silencio, de oración, de escucharse y de escuchar a Dios. Es un lugar de reflexión, meditación, búsqueda, es un lugar de encuentro con uno mismo y con Dios.

A lo largo del día y de la noche es bueno encontrar un tiempo de pensar, leer la Biblia, rezar, preguntarse: ¿Qué quiere Dios de mí, de mi familia, de mi gente? Si encuentras el desierto, el silencio, el tiempo de oración, después todo irá mejor.

Los padres jesuitas ofrecen el retiro en la vida, lo cual nos ayuda mucho para estar en el desierto de Jesús. Pregunta al padre Jorge Luis Rojas, párroco de la iglesia de Reina, teléfono 78624979 las líneas para hacer el retiro de la vida en tu casa, en un lugar solitario.

Después de 40 días de ayuno y oración, el demonio tienta, invita a Jesús, no a seguir la voluntad de Dios, sino la de él.

San Mateo, capítulo 4, nos narra las tentaciones que el diablo hizo a Jesús:

 

(EVANGELIO)

 

También nosotros somos tentados por el diablo, sobre todo, si somos buenos, honrados, cuidadosos con nuestra familia.

El esposo puede ser tentado de dejar a su esposa, la esposa puede ser tentada de no ser cariñosa, amable, entregada a su esposo; el hombre honrado es tentado al robo, los padres pueden cansarse de enseñar el bien, la fe a sus hijos, los hijos pueden abandonar a sus padres mayores.

Somos tentados por el diablo para utilizar la ofensa como defensa.

Somos tentados de no continuar el camino de Cristo porque nos parece que a nadie le interesa.

Mahatma Gandhi, jefe espiritual de la India, defensor de la no violencia, en su última oración ha rezado:

Ya te sientas fatigado o no, ¡oh hombre, no descanses!,

No ceses en tu lucha solitaria,

sigue adelante y no descanses.

Caminarás por senderos confusos y enmarañados

y sólo salvarás unas cuantas vidas tristes.

¡Oh hombre, no pierdas la fe, no descanses!

Tu propia vida se agotará y anulará

y habrá crecientes peligros en la jornada.

¡Oh hombre, soporta todas esas cargas, no descanses!

Salta sobre tus dificultades

aunque sean más altas que montañas, y aunque más allá

sólo haya campos secos y desnudos.

¡Oh hombre, no descanses hasta llegar a esos campos!

El mundo se oscurecerá y tú verterás luz sobre él

y disiparás las tinieblas.

¡Oh hombre, no descanses,

procura descanso a los demás!

Mahatma Gandhi

Caer en las tentaciones del diablo es nuestra destrucción total. Por eso rezamos con Cristo: no nos dejes caer en la tentación.

(CANCIÓN)

 

Como Cristo, la Iglesia nos invita al ayuno.

Ayuna de juzgar a otros; llénate del Cristo que vive en ellos.

Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases que purifican.

Ayuna de descontentos; llénate de gratitud.

Ayuna de enojos; llénate de paciencia.

Ayuna de pesimismo; llénate de optimismo.

Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.

Ayuna de quejarte; llénate de apreciar lo que te rodea.

Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.

Ayuna de amargura; llénate de perdón.

Ayuna de la importancia de ti mismo; llénate de compasión por los demás.

Ayuna de ansiedad personal; llénate de esperanza eterna en Cristo crucificado.

Ayuna de desaliento; llénate de esperanza.

Ayuna de pensamientos de debilidad; llénate de las promesas que inspiran.

Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a Él te acerque.

 

(CANCIÓN)

 

Menú Cuaresmal para las amas de casa y los esposos que cocinen

TENER A MANO:
Abrelatas, para abrir el corazón endurecido.
Cuchillo, para cortar vicios.
Destapador, para destapar lo atorado en las relaciones familiares.
Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones.
Delantal, para el servicio.
ABSTENERSE:
Abstenerse de comer prójimo (chismes, murmuraciones y calumnias).
Quitarle al condimento los desquites.
Evitar consumir altas grasas de egoísmo.
No tomar vinagre, que pone de mal humor.
Lavar bien el corazón para que no se tupan las arterias con odio.
Evitar el consumo excesivo de picantes, para no «picarse» y decir maldiciones.
Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y «camarón que se duerme, se lo lleva la corriente».
No tomar postres helados que congelan el afecto.
Evitar comer pan de envidia.
MENÚ RECOMENDADO:
Como plato fuerte: exquisita caridad para con el prójimo.
Caldo de atención a los desamparados y enfermos.
Ensalada de detalles de afecto para los que viven en la casa.
Pan para compartir con el necesitado.
Vino de alegría para tomar con los tristes y desanimados.
Sopa de letras para comunicarnos más seguido con familiares y amigos.
Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás.
Pan bendito para los afligidos, ya que «las penas con cariño son menos».
DE POSTRE, SE RECOMIENDA:
Coquito acaramelado para ser dulce con las personas.
Flan para regalar como gesto de perdón.

Naranja dulce y limón partido «dame un abrazo que yo te pido” y darles muestras de aprecio verdadero, no de chocolate.
Y no olvides:
«DONDE COME UNO, COMEN DOS» Y «ÉCHALE SIEMPRE MÁS AGUITA A LA SOPITA».
Comparte tu vida con OTRAS PERSONAS. Finalmente, el Chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual:
«EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, TIENE VIDA ETERNA».

(CANCIÓN)

Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.
Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas.
Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.
Si fuéramos baterías, la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.
Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas:
Somos personas que, quizá, muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. De aquí la necesidad de hacer una buena confesión.
Somos personas que muchas veces nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y que, por lo tanto, necesitamos empezar a pensar en los demás. De aquí la necesidad de la limosna.
Somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios.
Necesitamos, pues, recobrar la vista. De aquí la necesidad de la oración.

 

Fragmento de la homilía del Papa Francisco en el Miércoles de Ceniza:

Iniciamos el camino de la cuaresma. Este se abre con las palabras del profeta Joel, que indican la dirección a seguir. Hay una invitación que nace del corazón de Dios, que con los brazos abiertos y los ojos llenos de nostalgia nos suplica: «Vuélvanse a mí de todo corazón». Vuélvanse a mí. La Cuaresma es un viaje de regreso a Dios. Cuántas veces, ocupados o indiferentes, le hemos dicho: “Señor, volveré a Ti después, espera… Hoy no puedo, pero mañana empezaré a rezar y a hacer algo por los demás”. Y así un día después de otro. Ahora Dios llama a nuestro corazón. En la vida tendremos siempre cosas que hacer y tendremos excusas para dar, pero, hermanos y hermanas, hoy es el tiempo de regresar a Dios.

Vuélvanse a mí, dice, con todo el corazón. La Cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos. Es el tiempo para verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo. La Cuaresma no es hacer un ramillete espiritual, es discernir hacia dónde está orientado el corazón. Este es el centro de la Cuaresma: ¿Hacia dónde está orientado mi corazón? Preguntémonos: ¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, puesto en el primer lugar y así sucesivamente? ¿Tengo un corazón “bailarín”, que da un paso hacia adelante y uno hacia atrás, ama un poco al Señor y un poco al mundo, o un corazón firme en Dios? ¿Me siento a gusto con mis hipocresías, o lucho por liberar el corazón de la doblez y la falsedad que lo encadenan?

Hermanos y hermanas: Nuestro viaje de regreso a Dios es posible sólo porque antes se produjo su viaje de ida hacia nosotros. De otro modo no habría sido posible. Antes que nosotros fuéramos hacia Él, Él descendió hacia nosotros. Nos ha precedido, ha venido a nuestro encuentro. Por nosotros descendió más abajo de cuanto podíamos imaginar: se hizo pecado, se hizo muerte. Es cuanto nos ha recordado san Pablo: «A quien no cometió pecado, Dios lo asemejó al pecado por nosotros». Para no dejarnos solos y acompañarnos en el camino descendió hasta nuestro pecado y nuestra muerte, ha tocado el pecado, ha tocado nuestra muerte. Nuestro viaje, entonces, consiste en dejarnos tomar de la mano. El Padre que nos llama a volver es Aquel que sale de casa para venir a buscarnos; el Señor que nos cura es Aquel que se dejó herir en la cruz; el Espíritu que nos hace cambiar de vida es Aquel que sopla con fuerza y dulzura sobre nuestro barro.

 

(CANCIÓN)

 

Santa María de la Caridad, acompaña a tus hijos enfermos para que nunca les falte la cercanía de la familia, la lglesia y la sociedad.

Beato Padre Olallo, que enfrentaste tantas enfermedades y epidemias, ruega por todos nosotros para que, sanos y enfermos, seamos un solo corazón y una sola alma. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes y permanezca para siempre. Amén.

 

(CANCIÓN)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García.

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