Mientras septiembre trae para creyentes, y para cubanos orgullosos de sus tradiciones, las celebraciones asociadas a la Virgen de la Caridad del Cobre, la política asoma su oreja peluda. Nuevamente, las posturas ideológicas, y más que estas, el odio y el afán de separar y prevalecer, tratan de inmiscuirse y ensuciar temas donde no deberían tener cabida tales actitudes y sentimientos. ¿Cómo pueden algunos pretender que un símbolo sagrado, como esa Madre de todos, sirva para sostener o para odiar y oponerse a un sistema político? La Caridad, sin exclusiones, es de todos. Ningún bando tiene el derecho de politizar una celebración que justamente llama a la concordia, a la paz, a la unión y no al odio. Hay demasiadas desgracias ahora mismo, justo por culpa de las políticas, los odios y egoísmos de los bandos del mundo, como para que también los predios de la paz y la unión, se ensucien con lodazales ideológicos.
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