Una Iglesia que opta por la seriedad y la serenidad

Por: Yarelis Rico Hernández

La articulación del sistema de salud cubano, que descansa en la atención primaria, ha permitido un manejo bastante controlado de la covid-19 en todo el país. Desde las instituciones sanitarias administradas por la Iglesia (hogares de ancianos, centros para atención siquiátrica y otros, como La Edad de Oro, para niños con capacidad disminuida) se han respetado y cumplido los protocolos médicos definidos por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) para esta etapa de pandemia. En el caso de los pacientes sospechosos de contagio ingresados en alguno de estos centros, han sido trasladados a una institución estatal, ya sea de aislamiento u hospitales.

Desde las comunidades también se ha acompañado a las personas más vulnerables que permanecen en sus casas, especialmente durante la etapa de “aislamiento social”. De igual manera, cuando se ha detectado un foco y se han aislado determinadas zonas, la Iglesia ha insistido en dar un seguimiento afectivo, espiritual y, en muchos casos, de apoyo material en cuanto a alimentación, aseo y medicamentos, a quienes más lo necesiten. Este es el campo específico en el que la Iglesia en Cuba ha expresado su compromiso caritativo durante este período.

Se dice fácil, pero la experiencia vivida nos hace pensar que hemos atravesado “un verdadero calvario”. La llegada de la covid-19 a Cuba a principios de año, sumó a una realidad de crisis, una situación sanitaria que ya resultaba compleja, incluso, para países de economías fuertes, en muchos de los cuales puso en jaque sus sistemas sanitarios. La enfermedad entraba a la Isla y se sumaba a un complejo escenario que se caracterizaba por la escasez de medicamentos, alimentos y una variedad de artículos de primera necesidad. En este mismo contexto más agudizado continuamos, con el añadido en estos meses finales del año, del descontento expresado por algunos sectores de la población, en especial el intelectual, para que el Estado cubano reconozca el derecho de los ciudadanos al disenso y a la libertad de expresión.

A propósito, Palabra Nueva conversó con Mons. Emilio Aranguren Echeverría, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) y obispo de la diócesis de Holguín.

¿Cómo ha vivido la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba este tiempo de necesario recogimiento a causa de la covid-19?

“Tan pronto la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó la covid-19 como una ‘pandemia’ y el Ministerio de Salud Pública en Cuba informó de los primeros casos en el país, los obispos publicamos un sencillo mensaje sobre la manera ciudadana en la que deberíamos actuar. Por ello, indicamos que los templos permanecieran abiertos (con las debidas medidas sanitarias) y que los sacerdotes celebrasen la misa en un horario determinado en compañía de los colaboradores más cercanos, propiamente una liturgia privada debido a las restricciones de movimiento para favorecer el aislamiento. A su vez, la invitación pública fue a quedarse en casa y animamos a que así se hiciese para cuidarnos y cuidar a los demás”.

¿De qué manera ha podido la Iglesia cubana continuar con su misión y estar junto a los más necesitados durante la pandemia? ¿Qué acciones en concreto se han desarrollado sin violentar las medidas epidemiológicas orientadas?

“La Iglesia como Pueblo de Dios en medio del pueblo del que formamos parte1 mantiene la serenidad propia que brota de la experiencia de la fe (‘Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque el Señor va conmigo’, Sal 23.4).

”Esta serenidad tratamos de transmitirla en los mensajes radiales que los obispos tuvimos durante la etapa de aislamiento social (abril-junio), incluyendo los días de la Semana Santa. De igual forma, el arzobispo de Santiago de Cuba en la misa celebrada en el camerino de la Virgen de la Caridad en El Cobre y televisada en horas tempranas del domingo quiso acompañar a los fieles en este tiempo de obligado recogimiento. Muchos párrocos crearon grupos WhatsApp entre los miembros de la comunidad que acceden a los datos móviles. Por su parte, un buen número de sacerdotes y diáconos, así como laicos ministros extraordinarios de la Comunión, se mantuvieron visitando a los más necesitados y con igual disposición de recibirlos, aunque en ocasiones los familiares evitaban este tipo de encuentro por la vulnerabilidad en caso de ancianos o enfermos crónicos.

”La sencillez del cubano expresa un modo de ser que, a su vez, encierra el germen de lo que llamamos el ‘alma cristiana cubana’. Por eso, en momentos como estos se aúnan algunos proverbios tales como: ‘¿Quién es tu hermano? Tu vecino más cercano’; ‘Una mano lava la otra y las dos lavan la cara’; ‘Con muchos poquitos se hace un mucho’, y de ahí brotan las iniciativas, los gestos espontáneos y generosos. Es decir, han sido días en los que se ha evidenciado lo que, gracias a Dios, permanece en el corazón del pueblo, ya que un buen número de comunidades con comedores (para el desayuno y/o almuerzo) mantuvieron el servicio a través de mensajeros. Todo esto, amén de otras iniciativas realizadas por los sacerdotes, las religiosas y los laicos, lo que en muchos casos conlleva la generosidad personal de los mismos, no solo por la acción que realizan sino porque se desprenden de lo que necesitan. Algo parecido también se ha dado con el apoyo fraterno de las comunidades rurales a las urbanas, ya que en el entorno de las primeras se está más cerca de los productos del agro que favorecen la alimentación con las viandas, frutas y vegetales.

”Todavía (en esta fecha) no se ha reiniciado la atención a grupos que reciben este tipo de servicio, no solo por el cumplimiento de las medidas sanitarias, sino por la escasez de los alimentos y las limitaciones para su adquisición y la de otros productos esenciales. De igual forma, aún no se pueden visitar –debido a las medidas sanitarias vigentes– a los internos que lo solicitan en los centros penitenciarios, ni de manera sistemática a quienes permanecen en las instituciones de salud (hospitales, hogares de ancianos o maternos, escuelas especiales), salvo acciones puntuales sacramentales o de consuelo espiritual, por parte de los sacerdotes o alguna visita especialmente autorizada”.

Mientras la capital se mantenía en cuarentena, el resto de las diócesis del país, incluido el municipio especial Isla de la Juventud, pasaban a la primera fase. Después retrocedió Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y en los últimos días Pinar del Río. ¿Cómo se manejó la vuelta a la normalidad de una parte de nuestra Iglesia y de otra no? ¿Creó esto algún problema o confusión? ¿Hubo alguna orientación de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba o las decisiones correspondieron a cada obispo en su diócesis?

“La Conferencia Episcopal, como tal, comparte criterios comunes que, según el parecer de cada obispo con sus respectivos Consejos, se adecúan a su realidad concreta (sucede igual cuando hay diócesis afectadas por el paso de un huracán, mientras que otras no). No creo que haya habido ningún tipo de confusión. Tal vez la diferencia ha estado en que, concluida la primera etapa (finales de junio), también concluyó la posibilidad del acceso a la radio y a la TV y, días después, cuando hubo territorios diocesanos en los que se experimentó el rebrote, ellos volvieron a tener el programa dominical.

”Los meses de verano (julio y agosto) que, a su vez, son de vacaciones escolares, habitualmente sirven para eventos vicariales y diocesanos en la pastoral de adolescentes y jóvenes, así como en otros grupos laicales (Escuelas de Verano de Educadores, convivencias sacerdotales, peregrinaciones, etc.). Este año, fueron suspendidos y se propiciaron otros tipos de comunicación en la medida de las posibilidades de los participantes.2 De igual forma, a lo largo de estos meses, los obispos hemos tenido dos asambleas: una en julio y otra en noviembre.

”Un buen número de párrocos y otros agentes pastorales han utilizado el teléfono para la llamada a los fieles, así como tocar las campanas a una hora del día para hacer una red de oración, etc.

”Propiamente, el inicio de la Novena preparatoria a la fiesta de la Virgen de la Caridad fue, en las diócesis del oriente del país, el inicio del año pastoral y, por tanto, de la catequesis infantil, grupos juveniles, iniciación cristiana, así como de las acciones propias de la pastoral cotidiana: horario habitual de celebraciones, fiestas patronales, confirmaciones, etc. En las celebraciones dominicales se echa de menos a algunas personas mayores que no participan en las mismas y, por ello, hay párrocos que han solicitado nuevos nombramientos para el Ministerio Extraordinario de la Comunión, con el fin de que estos hermanos y hermanas puedan recibirla en sus casas”.

Muchas personas, en su mayoría católicos, sintieron mucho el fin de las alocuciones radiales de los obispos, así como la transmisión de la misa dominical desde El Cobre. Creían algunos que estos espacios se mantendrían después de la cuarentena. ¿Qué puede decir al respecto?

“Casualmente se acerca la Fiesta de la Navidad en este año 2020 y recuerdo con gratitud la experiencia tenida en la Navidad de 1995 (¡hace ya veinticinco años!), cuando siendo obispo de Cienfuegos, la animadora diocesana de la Unión de Enfermos Misioneros (UEM) me sugirió transmitir un mensaje radial dirigido a los enfermos que no tenían la posibilidad de participar en las celebraciones comunitarias. En esa ocasión, se hicieron los trámites en la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos, y fue concedido el permiso. Desde entonces, los obispos accedemos a la radio en tres ocasiones en el año: Navidad, Semana Santa y Fiesta de la Virgen de la Caridad. A ello se ha añadido que el arzobispo de La Habana preside un Concierto de Navidad en la Catedral, al igual que el Sermón de las Siete Palabras en la Semana Santa, y ambos son transmitidos de forma diferida en la TV Nacional; igual que la misa presidida por el arzobispo de Santiago de Cuba en la Basílica-Santuario de la Virgen de la Caridad en El Cobre el 8 de septiembre.

”Los obispos mantenemos la solicitud de tener una presencia sistemática en los medios de comunicación y, espero, que esta misma experiencia con ocasión de la covid-19, que ha sido calificada (por católicos, hermanos de otras denominaciones e, incluso no creyentes) como muy buena, posibilite una respuesta positiva, de manera especial porque, aunque las redes sociales transmitan mensajes religiosos, hay un alto por ciento de la población que solo accede a la radio y a la televisión y siente la necesidad de escuchar un lenguaje (contenido, tono, signos, oraciones, lecturas, cantos) de este tipo”.

Al principio de la pandemia, si bien nuestros obispos se acercaron a los fieles para dar a conocer las orientaciones necesarias, desde diversos escenarios se les ha reclamado pronunciamientos en correspondencia con la difícil realidad que hoy vive Cuba. ¿A qué responde este silencio de los obispos cubanos cuando tan reclamada ha sido su voz?

“Hoy, casi todos los que integramos la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, éramos sacerdotes jóvenes cuando celebramos el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC, 1986). En dicho evento, el cardenal Pironio participó como enviado del Papa San Juan Pablo II, y él definió el ENEC ‘como un Pentecostés cubano’. Habían transcurrido veinticinco años desde que se privatizó la expresión de la fe (1961) y, por tanto, fueron años en los que, en el seno de las comunidades se mantuvo encendida, como dice la Escritura, la mecha (o pabilo) humeante de la fe. En esa etapa habíamos recibido la formación sacerdotal en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana y, fue, a partir del 3 de diciembre de 1970 (va a celebrarse el 50mo. aniversario) que comenzaron a ser ordenados nuevos sacerdotes cubanos para apoyar la menguada presencia sacerdotal dispersa por las entonces seis diócesis existentes en el país.

”Del ENEC aún hoy quedan tres cosas: el espíritu, las claves eclesiales (Iglesia orante, encarnada y misionera) y el documento final. Fueron cinco años de preparación (post-Puebla, 1979), en lo que llamamos la Reflexión Eclesial Cubana (REC). Fruto de esa significativa sinodalidad leemos en el n. 126: ‘La Iglesia católica en Cuba ha hecho una clara opción por la seriedad y la serenidad en el tratamiento de las cuestiones, por el diálogo directo y franco con las autoridades de la nación, por el no empleo de las declaraciones que puedan servir a la propaganda en uno u otro sentido y por mantener una doble y exigente fidelidad: a la Iglesia y a la Patria. A esto se debe, en parte, el silencio, que ciertamente no ha sido total, de la Iglesia, tanto en Cuba como de cara al Continente, en estos últimos veinticinco años’.

”Incluso, al frescor de la reciente Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco, también, en este sentido, podemos leer el n. 203, con un mensaje en la misma línea que tiene mucha actualidad.

”Pienso que, entre otros motivos, también encierre algo propiamente generacional. En nuestro caso nos fijamos en los sacerdotes, vida religiosa y jóvenes católicos que hacen este reclamo, sea en conversaciones personales y encuentros pastorales o, en estos últimos casos, de manera pública valiéndose de las redes sociales. Pero lo mismo sucede en otros ámbitos, como, por ejemplo, el universitario, deportivo, cultural (artistas, escritores, músicos), económico, etc.

”De nuestra parte, tanto como Conferencia Episcopal, así como cada uno de sus miembros en sus respectivas diócesis, tratamos con nuestros interlocutores aquellas situaciones en las que consideramos aportar nuestro parecer o, también, algún comportamiento específico”.

¿Qué conclusión saca de toda esta etapa de recogimiento? De cara al mañana, ¿cómo avizora el futuro pospandemia? ¿Cómo se apresta a vivir esta etapa de “nueva normalidad”?

“Espero, como repite el Papa Francisco, que después que pase este momento largo de pandemia, el mundo haya aprendido una lección. Acudo a otro proverbio: ‘Los golpes enseñan’. Y, también entre nosotros, como pueblo y como Iglesia. Cuando el Papa se dirigió a los jóvenes en su visita del 2015, se refirió a lo que llamó ‘la amistad social’. Y, ahora, así subtitula la encíclica publicada y, de una u otra forma, desarrolla esta temática a la par del llamado a la fraternidad. No vale con que estemos ‘conectados’, ya que es un encuentro virtual, hay que aspirar a vivir ‘unidos’ e insistir en la llamada cultura del encuentro. Entre todos construimos el bien común y, entre todos, estamos llamados a aportar nuestras inquietudes, pensamientos, dones… con vistas a que podamos hablar en ‘nosotros’ y, poco a poco, dejar atrás tristes experiencias vividas a partir de una mentalidad sectaria en la que hablamos en términos de ‘ellos y nosotros’, ‘los de aquí y los de allá’, ‘los creyentes y los no creyentes’.

”Así como Aparecida (2007) insistió en la conversión pastoral, y el Papa Francisco lo retomó en Evangelii Gaudium, la pandemia debe hacernos descubrir a todos la necesidad que tenemos de una ‘conversión social’ e, indudablemente, la Doctrina Social de la Iglesia nos brinda un soporte para iluminar, desde nuestra fe y testimonio de vida, lo que estamos llamados a compartir como aporte para el bien de todos. El hecho de que, desde el año pasado, la Constitución de la República de Cuba haya reafirmado el concepto de ‘estado laico’ es una puerta que se abre para continuar caminando en este deseo y con esta proyección. No lo veo como utopía, sino con esperanza”.

Como Iglesia, nos aprestamos a vivir un nuevo tiempo, tiempo de alegría porque Dios ha nacido, se ha hecho hombre para habitar entre nosotros… Más allá de esta crisis por la supervivencia que vive el pueblo cubano y de ese deseo latente de que se respete el derecho al disenso y a la libertad de expresión, a qué puede convocar este acontecimiento cristiano? ¿Qué mensaje puede contener esta Navidad para Cuba y los cubanos?

“Hace varios meses, un profesor universitario me entrevistó en relación con la presencia de la fe cristiana en las tradiciones navideñas cubanas, o en las tradiciones navideñas de nuestro pueblo. Por tanto, ‘había tela por donde cortar’. Un sacerdote colombiano (ya fallecido) que prestó su servicio misionero entre nosotros durante un buen número de años, decía que nunca había visto un cantoral de villancicos con letras tan bonitas asentadas en el Evangelio y en el mensaje cristiano, y con unas melodías tan propias de esta cultura, como el que se me había encontrado en Cuba; y todos acompañados de guitarra, güiro, claves, percusión, maracas, sin tener necesidad de pedir prestado a otros pueblos o a otras culturas.

”En la tradición navideña cubana no hay que empezar hablando de las comidas propias de esos días hasta fin de año y llegando al Día de los Reyes. La Cena de Nochebuena era el motivo para re-unir a la familia (resalto el guión). Alrededor de la mesa se re-unían todos: ancianos, adultos, jóvenes y niños, los que se habían incorporado como nueras o yernos, incluso, en algunos casos, acompañados por sus padres ‘para que no se quedaran solos’. Y en esa Noche Santa, sin necesidad de leer lo que enseña la Carta a los Efesios (2.13 y ss.) todos experimentamos ‘la paz del corazón’. En Navidad no se habla de lo que distancia o divide, sino de lo que acerca y une, se dejan atrás los prejuicios y se destacan la bondad y la confianza mutua. Se desempolva la bondad de Dios en nuestros corazones. Cuando escucho citar a José Martí que dijo: ‘Creo en el mejoramiento humano’, personalmente considero que esta es una expresión enraizada en el alma cristiana cubana, y esta presencia germinal renace en muchos de nosotros al celebrar la Navidad como Misterio de fe, cuando Jesucristo, el Hijo de Dios, se hace uno de nosotros, el Enmanuel, el único Salvador.

”Además, a partir del tercer domingo de Adviento ya hay clima de Navidad en los templos y en las casas de misión, así como en muchos hogares (cada vez más, respecto a décadas pasadas) y, especialmente, se escucha el ensayo de los coros y de las representaciones navideñas, la preparación y celebración de la Novena, la visita con las imágenes del Nacimiento (o Belén) a los barrios donde se reúnen pequeñas comunidades. ¿Por qué no actualizar lo que profetizó Isaías: ‘A un pueblo que vivía en tinieblas, una luz les brilló’ (Is 9.2)?, y de esa misma forma, nosotros tenemos que ser los mensajeros que repetimos lo que anunciaron los ángeles a los pastores: ‘No tengan miedo, porque les traemos una buena noticia que será motivo de gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor’ (Lc 2.10-12). ¡El anuncio está vigente y, en este año, aún más para, con esta confianza, iniciar el 2021 con la esperanza renovada! Ω

 

Notas

1 “Ellos están en el mundo, pero no son del mundo, no te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno y los consagres en la verdad” (cf. Jn 17.14-18). También lo expresa Jesús en las tres comparaciones que hace en relación con la sal, la luz y la levadura.

2 Habitualmente no hay una posibilidad ordinaria para realizar videoconferencias.

 

yarelisr@ccpadrevarela.org

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