Del libro y sus precios, de los autores y utopías en la pandemia desde varias experiencias personales

Por: Daniel Céspedes Góngora

 dcespedesgon@gmail.com

 

 “Los libros ya no son prioridad”, me dijo un vendedor de libros de uso en este año de covid. Sin embargo, le insistí por unos autores, que estaba dispuesto a pagar por sus obras y no por el pollo o el detergente de la tienda de la esquina. Él me habló de los precios –bastante altos para no ser prioridad–: cinco cuc cada uno (en ese momento) y, ante mi duda, propuso la alternativa: “Me compras un paquete de pollo de doscientos pesos y te llevas los dos volúmenes. De todas maneras, te vas a ahorrar cincuenta”. No tuve más opción que atenerme a su iniciativa y me fui con los dos libros, cincuenta pesos, pero sin pollo. De todas maneras, el ave contenida en un nailon, no era lo que quería comprar.

¿Cómo podía comprar dos libros cuando podía adquirir –si alcanzaba en la fastidiosa cola– dos o tres paquetes de detergente y uno de pollo? A propósito, el director de cine Carlos Lechuga, en Facebook, compara por estos meses los costos entre un libro y un producto básico. Las equivalencias de valía llaman mucho la atención en lo que llama “Los precios en la calle”.

Hay hábitos y gustos, sobre todo gustos, que parecen no cambiar ni cuando el mundo se va cuesta abajo. Recuerdo que, en mis años universitarios, era capaz de pasar hambre para conseguir un libro difícil de hallar. Es verdad que ahora lo pienso más, porque mis padres dependen de cuanto gano y debo garantizar que lo básico (comida y aseo) alcance para todo el mes. Pero sin poder viajar o tener las horas de solaz que me gustarían en mi país, obtener libros de otros no puede ser un problema.

El problema puede surgir cuando quieres publicar tu obra después de estar varios años apareciendo en cuanto soporte impreso y digital existe aquí. Soy crítico cultural con clara vocación para el ensayo. Desde que leía a Martí y a Ingenieros lo supe: lo mío sería el ensayo, aunque escribiera comentarios de cine, libros y artes plásticas. Tenía el derecho de verme publicado, con premios o sin ellos. He escrito mucho por encargo y también de lo que he querido. Como otros autores, quise que mi primer libro (Siéntate y mira. Críticas, comentarios y ensayos sobre cine, 2019) saliera en Cuba. Pero, gracias a la Editorial Primigenios, sería en los Estados Unidos. No lo hice por desespero. Sabía de la escasez de papel en la Isla, de los libros acumulados en los poligráficos, de la espera kilométrica que, en general, tiene que pasar uno para que le acepten un libro, inclusive si tiene de antemano la aprobación generalizada u oficial. En fin, sé de lo que hablo: fui jefe de Técnico-Productivo de la prestigiosa Editorial Arte y Literatura.

El 2020 ha sido fatídico para la humanidad, pero ha sido un año para repensarte como ser humano y reflexionar sobre cómo puedes ser resiliente sin dejar de ser creativo. Frente a la posible depresión y el parecido de los días, me planteé un plan de lecturas y escrituras para sobrevivir. Si bien se cree que uno le pone menos rigor a esos textos que tienden a hacerse por encargo, en mi caso, como en el de otros, está la exigencia de un compromiso ético y profesional, el cual va desde lo que esperan de ti hasta aprovechar la autonomía que ser autor te proporciona. Inconforme con las circunstancias, hice nuevas lecturas y escribí varios ensayos. Mi inconformidad ante la situación mundial experimentada desde mi país, me motivó a escribir con voluntad: preparé una antología sobre María Zambrano (María Zambrano en la Universidad del Aire, 2020) que salió publicada en Primigenios. Aún no tengo un ejemplar, pero me encantó la cubierta que vi por Facebook. Escribí un nuevo prólogo para la edición cubana de El tiempo dorado por el Nilo. Otra lectura de José Lezama Lima, de Roberto Méndez. Por ventura, Alberto Garrandés me convocaba para que le escribiera las palabras de contracubierta de su reciente volumen Un búho perplejo (ensayos sobre cine). Ambos saldrán bajo el sello de la Editorial Capiro. Con anterioridad, había ganado el Premio Eliseo Diego en la categoría no ficción, lo que me aseguraba ser publicado por primera vez en Cuba. Pero ya Alfredo Zaldívar se adelantaba con la noticia de que Pilares extendidos –mis textos sobre José Martí– saldrían con Ediciones Matanzas. Ha sido un año aciago, pero he experimentado ser autor como nunca a partir de 2020.

Por Facebook he notificado cómo autores reconocidos y otros que emprenden un buen camino desde Cuba, han tenido que publicar con editoriales extranjeras.

Escribo este texto en noviembre de 2020, cuando el panorama no se advierte muy alentador, si bien se sabe ya que el papel empieza a llegar y los libros tendrán que salir de los poligráficos. Dosis de esperanza no nos deben faltar. Aunque si partimos del texto La industria editorial cubana en el contexto de la actualización económica, de Jacqueline Laguardia Martínez, publicado en el año 2014, hay varios criterios que merecen traerse a colación, pues las variaciones hacia esta fecha han sido mínimas y la pandemia ha complicado todo en Cuba y el mundo. Por la vigencia de los mismos, destaco los siguientes:

“Prácticamente la totalidad de la producción de las editoriales cubanas se completa en la industria gráfica nacional. Sin embargo, en el pasado también se acudía a la contratación de servicios de impresión fuera de Cuba a pesar de la calidad que ofrece la industria gráfica nacional, prueba reciente lo fue la publicación, en 2010, de 100 000 ejemplares de La victoria estratégica, más otros 100 000 de La contraofensiva estratégica. Si bien esto obedecía a factores diversos, como la subestimación de las posibilidades reales de la gráfica cubana, lo cierto es que la opción de imprimir en el extranjero obedece a temores relacionados con los frecuentes incumplimientos en las entregas de las producciones terminadas por parte de la industria cubana y la pobre calidad de la materia prima empleada en la fabricación de los libros.

”El libro cubano pasa desapercibido en relación con el resto de los bienes y servicios culturales nacionales, a pesar de la variedad de espacios empleados en su promoción –radio, televisión y prensa plana, sobre todo–. Con excepción de la dinámica particular que se genera durante febrero y marzo cada año, con motivo de la Feria del Libro, la visibilidad del libro queda relegada a espacios pequeños –concentrados en su mayoría en las capitales provinciales– que cuentan con un público reducido, que no promueven la comercialización del libro dentro de sus propósitos centrales. Y es que el lugar por excelencia para la promoción del libro –la librería– es insuficientemente aprovechado.

”A diferencia de otras, las editoriales cubanas se preocupan más por la generación de lectores que por el aumento de compradores de libros. El consumo que se promueve trasciende el mero acto de compra para comprender el proceso social que desempeña un papel fundamental en la producción de conocimientos y en los intercambios de información y significaciones. Los libros cubanos suelen difundir imaginarios alternativos al pensamiento hegemónico, argumento importante para prestar al devenir y desarrollo de la producción editorial nacional una atención especial: del éxito mayor de la gestión económica dependerá también la mejor contribución de la literatura cubana a la construcción de un mundo mejor”.1

¿Qué ha variado de lo precedente? Recientemente en un chat, Jesús Columbie, un amigo vendedor de libros, quien tiene su espacio en La Cabaña en cada Feria Internacional del Libro de La Habana, me expresó lo terrible que ha sido para él perder clientes habituales, esos que lo llaman incluso para encargarle determinadas obras. Con respecto a la situación actual en La Habana, me dice:

“En las librerías, que ya están abiertas, compran los clientes habituales, pero sigue el poco interés por la lectura física, han tenido que bajar los precios. Ha influido también la era digital, pero a decir verdad los jóvenes se interesan poco por la lectura. Solamente buscan lo que le piden en las escuelas, pero nada extra. ¿Me preguntas por la Feria del Libro? Si se da, ¿qué novedades pueden ofrecer? Bueno, si entra papel, el panorama pudiera ser otro. Pero no creo que se imprima todo lo que los poligráficos deben de tener acumulado de hace varios años. Es mucho”.

¿Cómo ha enfrentado la pandemia un escritor? Para que no suene a queja de mi parte, he consultado a otros escritores. Rafael Acosta de Arriba, por ejemplo, me ha escrito el 31 de octubre de 2020:

“Las dolorosas cifras de contagiados y muertos en todo el mundo debido a la pandemia del nuevo coronavirus han sido el escenario letal de un año que será recordado tristemente cuando pase el tiempo. Estos 7 meses (hasta el momento) de la pandemia han sido para mí de intenso trabajo, tanto en el plano creativo (producción de decenas de artículos y ensayos para revistas y libros), como en el de gestación de libros y los dos números de 2020 de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, publicación que dirijo desde el mes de enero. Realmente no he tenido, ni me he dado descanso.

Daniel Céspedes

”Tuve el gusto de coordinar editorialmente (y escribir el texto principal, un extenso estudio sobre la obra de Roberto Salas) el libro Imágenes de la memoria. Fotografías de Roberto Salas, que, bajo el sello editorial de la Biblioteca Nacional José Martí, se realizó en los mismos meses de la pandemia, se imprimió en Canadá y se presentará el próximo 16 de noviembre en la propia BN, es decir, es un volumen que se gestó, de inicio a fin, durante el período pandémico. Se trata de una selección antológica de la obra fotográfica de este relevante artista y su edición es de bella factura. También, en el mismo período, pero bajo el sello Editorial Universidad de la Habana, gesté una compilación titulada Estudios críticos sobre fotografía cubana, que ya está en la recta final de su edición, y de la cual soy el compilador, prologuista y autor de dos de los ensayos. Deberá salir a la luz a inicios de 2021, si la existencia del papel no conspira en su contra. Me encuentro también en la parte final, de conjunto con un profesor de la Universidad de Baylor (Texas, EE.UU.), de la gestación de un libro-compilación de ensayos sobre la obra de Leonardo Padura. Este volumen debe publicarse en España a fines del presente año o más bien a principios de 2021.

”La única desilusión en esta materia es la del libro Conversaciones sobre arte (2018), que bajo el sello editorial Artecubano, del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP), lleva ya más de dos años, casi tres, listo para imprimir, pero que la escasez del papel y antes no sé qué otros problemas (realmente los desconozco) han impedido su publicación. A pesar de hablar varias veces con los responsables del sello editorial y con los directivos del Instituto Cubano del Libro y del CNAP, el libro sigue esperando su salida de la imprenta. Ha sido una dolorosa espera; la respuesta más reincidente es que hay otros ciento cuarenta libros en la misma situación y que no hay papel en el país. De manera que, por una parte, me he sentido muy estimulado creando textos, revistas y libros y, por la otra, la cancelación de la impresión de un libro listo desde hace mucho tiempo lo ha empañado todo.

”Viendo este asunto desde la perspectiva más general, es decir, desde lo que representa para la cultura del país, pienso que la situación del papel es urgente que se resuelva en el plazo de tiempo más breve. Los decisores de políticas deben comprender que un país sin revistas y escasa producción de libros es un país desprovisto de pensamiento circulante y no todos en Cuba podemos leer las publicaciones electrónicas en Internet. Sé que los directivos del Ministerio de Cultura están trabajando duro ante esta realidad que no aceptan, y confío en que el problema se resolverá más temprano que tarde, pero la situación presente es dramática y no es este un asunto de segunda o tercera importancia ante los tantísimos problemas que afronta el país (económicos, productivos, de distribución de alimentos, epidemiológicos y de sanidad en general, etc.). Pero la producción de pensamiento es de primera magnitud. Sin embargo, seamos optimistas, una vez más”.

Eso, seamos optimistas y esperemos la impresión, distribución y venta de volúmenes, según los reclamos de la pluralidad de lectores que Cuba, sin duda, manifiesta más allá de las ferias del libro. Ω

 

Notas

[1] Jacqueline Laguardia Martínez: La industria editorial cubana en el contexto de la actualización económica, versión impresa ISSN versión On-line ISSN 0252-8584, Econ. y Desarrollo vol. 151 no. 1, La Habana, ene.-jun. 2014. Consultado el 4 de noviembre de 2020 enfile:///C:/Users/TRABAJO/Desktop/Cubacine/La%20industria%20editorial%20cubana%20en%20el%20contexto%20de%20la%20actualización%20económica.htm.

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