Industriales: el fin de una leyenda en la pelota cubana

Por: José Antonio Michelena

Como nos sucedió a una gran cantidad de aficionados al béisbol que éramos seguidores del club Almendares, convertirnos en industrialistas, al comienzo de las series nacionales, fue lo más natural; el azul era el color de nuestra heráldica: la transición ocurrió casi sin darnos cuenta. Cincuenta y ocho años después seguimos fieles a los Leones de la capital, pero de aquella gloria solo nos queda la memoria.

Las cuatro coronas seguidas de Industriales en sus primeras cuatro temporadas (1963-1966) construyeron una leyenda: la del conjunto que mejor juega el béisbol en la Isla. Aunque nunca más en las series nacionales hemos tenido un director como Ramón Carneado, ni una maquinaria como aquella que él dirigió, durante muchos años la leyenda se mantuvo en pie, y ocasionalmente la creíamos viva. Su último destello ocurrió en 2010. Once años después, ya se apagó la llama. Definitivamente.

El reciente partido entre Industriales y Granma para definir el equipo que pasaría a la etapa semifinal de la post temporada fue la prueba más clara y notoria de que el conjunto azul ha pasado a ser uno de los que peor juega el béisbol en Cuba. Los papeles se han invertido. Si décadas atrás, los granmenses no avanzaban en los play off por la cantidad de errores que cometían en la mecánica de juego, ahora justamente eso le sucedió a su contrario capitalino.

Los corrings de Andrés Hernández y Lisván Correa en el juego de ayer nos recordaron con nitidez aquellos outs que antes regalaba Granma en situaciones similares ante los conjuntos rivales de su zona, ya fuera Santiago, Ciego de Ávila, o Villa Clara. Y el béisbol no perdona esas cosas. Aunque no siempre ocurre, si juegas tan mal, debes perder, es una especie de justicia divina.

En realidad, en ese quinto juego, aunque Industriales anotó una carrera en el primer inning, desde ese arranque, comenzó a labrar su derrota. Después que Stayler Hernández –acaso el único jugador de leyenda que le quedaba al equipo– bateó su doble impulsador y situó corredores en tercera y segunda, con un solo out, cuando parecía que Blanco iba a explotar, sucedió lo contrario, se mantuvo y salió del atolladero.

En esa situación de juego, y en turno tres buenos bateadores, las cosas estaban feas para Granma, pero Wilfredo Aroche le hizo swing al primer lanzamiento y sacó un fly corto al left para el segundo out. Blanco mejoró bastante, mas aún tenía por delante a Peñalver, a quien transfirió. De manera que enfrentó a Jorge Alomá con bases llenas y debía dominarlo, de eso dependía el futuro del juego.

El primer lanzamiento que le hizo fue strike, y Alomá no le tiró. El segundo fue bola; el tercero fue una bola baja envenenada, con la que el campo corto de Industriales contuvo el swing a tiempo, pero el árbitro cantó strike. He visto el video varias veces y no logro entender por qué Juan de Dios León hizo ese conteo que, al igual que los malos corrings de Hernández y Correa, pudo costar el juego. Parece exagerado, pero es real. De no haber levantado el brazo –desacertadamente– el exjugador pinareño, Blanco se hubiera visto obligado a buscar el strike más cerca del centro en el siguiente lanzamiento, y Alomá tendría muchas mayores oportunidades de hacer una buena conexión que pudo haber decidido el juego. (Tal vez en el futuro se pueda reclamar un conteo. Cuántas cosas distorsionan un mal conteo).

Pero en una bola y dos strikes, Blanco se posicionó en ventaja, y Alomá, ahora a la defensiva, tenía que hacer swing a casi todo para no ser víctima, de nuevo, del lanzador y del árbitro. Aún así llegó a la cuenta de 2 y 2, y con un lanzamiento pegado, produjo un inofensivo rolling a primera. Lo que pudo ser un rally decisivo, apenas sirvió para anotar una solitaria carrera. El pitcher de Granma salió del abismo, aunque con una buena cantidad de lanzamientos, algo que no capitalizaron los azules.

En la parte alta del primer inning el partido dio otro vuelco que, a nuestro parecer, propició la dirección de Industriales. Me refiero al hecho de designar para abrir el juego al lanzador Maikel Taylor, el cual había lanzado bien el segundo partido, pero es bien conocida su tendencia al descontrol, que también manifestó en este partido decisivo donde fue incapaz de sacar ni un solo out.

Con hombres en segunda y primera, embasados por Taylor, fue llamado al montículo Pavel Hernández, quien debió ser, en nuestra opinión el abridor. Pavel sofocó la rebelión, pero no pudo evitar que Granma anotara una carrera. En lo adelante tiró otro buen juego –tal como lo había hecho en el tercer encuentro– pues permitió una sola carrera en los seis innings lanzados. Sin embargo, los dos corredores heredados tuvieron un costo doble: además de la carrera del empate, implicaron que Pavel tuviera que excederse en lanzamientos en ese primer inning.

Ya a la altura del séptimo vino esa jugada absurda en la que Andrés Hernández se pone a observar su batazo en lugar de correr y es puesto out en segunda, matando una enorme posibilidad de empatar y hasta decidir el desafío, porque ya Blanco no podía más. De haber hecho lo correcto, Industriales hubiera tenido hombres en tercera y segunda con el líder impulsador del torneo en turno.

Tan agotado estaba Lázaro Blanco que no pudo lanzar en el octavo, inning que inició Lisván Correa con otra torpeza mayúscula. Por si lo de Hernández no hubiera sido suficiente, él hizo lo mismo, se embelesó con su largo batazo, salió trotando, y no pudo alcanzar la segunda almohadilla. Fue el colmo de los colmos.

Industriales vuelve a quedarse corto en una post temporada. Pero lo paradójico es que el nuevo fracaso no se debió a su cuerpo de lanzadores, que, a la larga, cumplió su papel. Su derrota fue decretada porque el conjunto no bateó en tres de los cinco juegos, y jugó muy mal el partido decisivo.

El equipo de la capital debe pensar seriamente en una renovación total, como hizo Pinar del Río, y enfocarse en un futuro donde la leyenda no pese en el uniforme y en el que la gloria debe forjarse desde cero. Manuel Hurtado, Tony González, Urbano González, Pedro Chávez, Jorge Trigoura, Agustín Marquetti, Ñico Jiménez, Arturo Linares, y el resto de los héroes de antaño, hicieron lo suyo hace ya mucho tiempo. Eso es historia y alimento para la nostalgia. Pero no gana campeonatos.

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