Solemnidad de la Natividad del Señor

Por: Redacción de Palabra Nueva

25 de diciembre de 2020

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

…le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada…

 

Lecturas

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 9, 1-6

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga,
el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre
serán combustible, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre:
“Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz”.
Para dilatar el principado, con una paz sin límites,

sobre el trono de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre.
El celo del Señor del universo lo realizará.

 

Salmo

Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13

R/. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor

Canten al Señor un cántico nuevo,
canten al Señor, toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su nombre. R/.

Proclamen día tras día su victoria.
Cuenten a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta de san Pablo a Tito 2, 11-14

Querido hermano:
Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.
Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.
También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
“No teman, les anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
“Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

 

Comentario

 

La liturgia de la Natividad del Señor es muy rica y abundante. Hemos elegido para compartir y comentar hoy los textos de la Misa de Medianoche, la tradicionalmente llamada Misa del Gallo.

Si cualquier noche es tiempo de recogimiento y familia, de silencio y reposo, esta Noche santa lo es mucho más. Normalmente la oscuridad de la noche nos amedrenta y nos introduce simbólicamente en el misterio de la muerte; pero también su silencio nos lleva a lo más profundo de nuestro corazón, desde donde brota la esencia más auténtica de nosotros mismos, porque la noche es tiempo de sinceridad y verdad. La noche es tiempo de salvación.

En la noche de Belén quiso Dios abrir los ojos de su humanidad a nuestro mundo bajo la luz de las estrellas, contemplado y cantado por pastores y ángeles, ante la mirada estupefacta pero llena de alegría de José y María.

Con José y María también nosotros en esta Noche santa contemplamos el misterio del Dios hecho hombre para nuestra salvación. No nos sirve pensar, no es tiempo para hablar, basta contemplar. Contemplar como el Eterno ha entrado en el tiempo, cómo el Todopoderoso se ha hecho pobre y pequeño, cómo el Verbo se ha hecho carne y ha puesto su morada entre nosotros. Es tiempo de mirar a Jesús niño y dejarse mirar por Él. Dios nos mira a cada uno a través de los ojos recién abiertos a la luz de un Niño llamado a ser Príncipe de la Paz. Y nosotros le miramos, con José y María, con los ángeles y los pastores, estupefactos y llenos de alegría, sin comprender el misterio, pero abiertos a su verdad. Verdad que ilumina y libera, que alegra y regenera… porque en ella está la Verdad que ilumina mi verdad.

Y la noche se hizo día, y las estrellas abrieron paso al Sol. Al pueblo que habitaba en tinieblas una luz les brilló.

Esto es la Navidad…

La palabra Navidad significa natividad, nacimiento, alumbramiento, vida. Dios es alguien vivo, que nos da la vida, que se hace vida para que tengamos vida en su nombre. En su Hijo Jesucristo ha tomado nuestra carne mortal para conducirnos a la inmortalidad, se ha encarnado para que nosotros seamos divinizados; en Él, el misterio escondido desde toda la eternidad se ha manifestado y revelado en el tiempo.

Navidad es sinónimo de silencio y contemplación, de oración y alabanza, de alegría y acción de gracias. Estos cantos populares y propios de la Navidad, que llamamos villancicos, muestran la expresión gozosa de hombres y mujeres de todos los tiempos que cantan a Dios, como los pastores y los ángeles ante el pesebre de Belén.

Navidad también significa pobreza y humildad; Dios se hizo pobre en su Hijo Jesús para enriquecernos a todos. No había sitio en la posada para José y María, esta pareja de jóvenes galileos probablemente sin demasiados recursos; y entonces el Rey del Universo nace en un establo, rodeado de animales, y envuelto en pañales es acostado en un pesebre. Su anonadamiento es patente desde el principio.

Navidad es luz y verdad, es renovación y liberación. Porque Cristo ha nacido para destruir las tinieblas del pecado e iluminar nuestras conciencias. En Él se ha manifestado la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres.

Navidad es familia y comunidad, es amor y paz. Rodeado del amor de María y José es como nace Jesús. Y de tal amor vivirá rodeado siempre. Dios quiso nacer de una mujer, como todos nacemos, vivir en una familia, trabajar con sus propias manos, ganarse el pan con el sudor de su frente. Cuánto amor habría en aquella hermosa familia, la familia de Nazaret, la Sagrada Familia.

En la Navidad rememoramos el mayor compromiso de Dios con la humanidad. El Hijo eterno del Padre se hizo carne para siempre, por nosotros y para nuestra salvación. Que tal entrega sea fecunda para todos. Que, en este año tan particular, volvamos a sentir a Dios cerca y así lo transmitamos a cuantos nos rodean.

Feliz Navidad.

 

Oración

 

En este espacio hoy ofrecemos varias oraciones tomadas de distintos lugares. Esta Navidad, cuando estés reunido o reunida con tu familia, recuerda a todos lo que los cristianos celebramos, el nacimiento de Cristo, e invítales a orar contigo.

Oración a Jesús ante el Belén

Jesús, Hijo de María, Hijo de Dios, la Luz de Navidad ha llegado como llegó a los pastores y a los magos de Oriente. En Belén, en tu carne tan débil, está todo el amor de Dios, en tu carne está aquel amor, aquella ternura, aquella esperanza confiada que sólo Dios es capaz de dar.

Mirándote acostado en el pesebre, acompañado del amor de María y de José, quiero poner en tus manos mis ilusiones y mis temores. Y quiero poner en tus manos el mundo entero: a quienes más quiero y a quienes no conozco, a los de cerca y a los de lejos; y, sobre todo, a los que más sufren.

Jesús, hijo de María, Hijo de Dios, ilumínanos con la claridad de tu amor, ilumina al mundo entero con la claridad de tu amor.

 

Bendición de la mesa

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre, celebramos la Navidad, el día en que tu Hijo, por amor a nosotros, se hizo Hombre y nació de una mujer: la Virgen María.

Ese Niño nos reúne alrededor de la mesa que vamos a compartir llenos de alegría, de esperanza, de amor y de paz, porque él hace posible, hoy más que nunca, que seamos familia.

Te pedimos que nos bendigas y bendigas el pan que tu Amor nos ofrece. Te pedimos por los que no tienen pan, no tienen casa, no tienen trabajo, no tienen familia, por los que están enfermos, por los que perdieron recientemente algún ser querido, por aquellos que no tienen paz porque les faltas Tú.

Te rogamos que el corazón de cada uno de nosotros sea un humilde Pesebre, donde Jesús pueda nacer, y así, superando todo aquello que nos divide, seamos capaces de renovar cada día esta familia. Amén.

 

Oración desde nuestra pequeñez, pobreza y debilidad

Niño Jesús, Niño Dios, has venido tan pequeñito, tan vulnerable, tan pobre, tan débil por nosotros. Te ofrezco los miedos de mi debilidad, de mi vulnerabilidad, de mi pequeñez, de mi pobreza. Deposito todo lo que soy en tu puro e inocente corazón. Sí, me consagro a ti, Niño Jesús. Rey de Amor, me consagro a tu inocencia, a tu pureza. Sí, Tú eres el verdadero Amor, la verdadera belleza, Tú eres Aquel que no sospecha nada. ¡La inocencia de tu mirada nos salvará! ¡Niño Jesús, sálvame por tu inocencia!”

 

Oración familiar para poner al Niño en el pesebre

Antes de la medianoche del 24 de diciembre, cuando estés reunido o reunida con tu familia para colocar la imagen del Niño Dios en el pesebre, te invitamos a recitar esta breve oración para pedirle a Jesús que también nazca en tu corazón y en el de tus seres queridos.

Lector 1:

Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra:

En esta noche santa te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que trabajan con nosotros.

Bendícenos en este día tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas.

Hoy, al contemplar el pesebre, recordamos especialmente a las familias que no tienen techo, alimento y comodidad. Te pedimos por ellas, para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar.

Lector 2:

Padre bueno, te pedimos que el Niño Jesús nazca también en nuestros corazones para que podamos regalarles a otros el amor que Tú nos muestras día a día. Ayúdanos a reflejar con nuestra vida tu abundante misericordia.

Que junto con tus Ángeles y Arcángeles vivamos siempre alabándote y glorificándote.

(En este momento alguien de la familia pone al Niño Jesús en el pesebre, o si ya está allí, se coloca un pequeño cirio o una velita delante de Él).

Lector 3:

Santísima Virgen María, gracias por aceptar ser la Madre de Jesús y Madre nuestra, gracias por tu amor y protección. Sabemos que día a día intercedes por nosotros y por nuestras intenciones, gracias Madre.

Querido San José, gracias por ser padre y protector del Niño Jesús, te pedimos que ruegues a Dios por nosotros para que seamos una familia unida en el amor y podamos ser ejemplo de paz y reconciliación para los demás.

Amén.

Padre Nuestro…

Dios te salve, María…

Gloria al Padre…

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