Alocución Domingo de Resurrección

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García

Damos gracias a todas las personas que hacen posible esta emisión radial, hoy, domingo 4 de abril, Domingo de Resurrección. Hoy, domingo 4 de abril, Domingo de Resurrección, en todas las iglesias se lee el texto evangélico según San Juan capítulo 20, versículos 1 al 18.

(EVANGELIO)

(CANTO)

Por el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, nosotros mismos hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminado el ejercicio de la cuaresma, renovemos las promesas del Santo Bautismo con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras y prometimos servir fielmente a Dios en la Iglesia católica. La Iglesia nos pregunta, nosotros respondemos:

¿Renuncian a Satanás y a todas sus obras?

R: Sí, renuncio.

¿Renuncian al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

R: Sí, renuncio.

¿Renuncian a todas las seducciones del mal para que no domine en ustedes el pecado?

R: Sí, renuncio.

¿Renuncian a Satanás, esto es al pecado como negación de Dios, al mal como signo del pecado en el mundo, al error como ofuscación de la verdad, a la violencia como contraria a la caridad, al egoísmo como falta de testimonio del amor?

R: Sí, renuncio.

¿Renuncian a las obras de Satanás que son las envidias, los odios, las perezas, las indiferencias, las tristezas que no confían en Dios, las injusticias, los materialismos, el desenfreno sexual y todo aquello que vaya contra la ley de Dios?

R: Sí, renuncio.

Y ahora la Iglesia les pregunta:

¿Creen en Dios Padre Todopoderoso creador del cielo y de la tierra?

R: Sí, creo.

¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está junto a Dios Padre donde nos espera?

R: Sí, creo.

¿Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

R: Sí, creo.

Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos limpió del pecado por el agua y el Espíritu Santo, y nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia para vivir resucitados como el hijo Jesucristo, nuestro señor, ahora y para la vida eterna. Amén.

(CANTO)

Para continuar resucitado contigo, después de haber renunciado al mal y haber profesado la Fe, Dios mío concédeme el romanticismo, aun sabiendo que las rosas no hablan; el optimismo, aun sabiendo que el futuro puede no ser tan alegre; la voluntad de vivir, aun sabiendo que la vida es, en muchos momentos dolorosa; la voluntad de tener grandes amigos, aun sabiendo que con las vueltas del mundo ellos se van de nuestras vidas. La voluntad de ayudar a las personas, aun sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver, reconocer y retribuir esta ayuda; el equilibrio, aun sabiendo que muchas fuerzas quisieran que yo cayera; la voluntad de amar, aun sabiendo que la persona que yo más amo puede no sentir el mismo sentimiento por mí; la luz y el brillo en la mirada, aun sabiendo que muchas cosas que veré en el mundo oscurecen mis ojos. La fortaleza, sabiendo que la derrota puede estar presente en mis esfuerzos; la razón, aun sabiendo que las tentaciones de la vida son muchas; el sentimiento de justicia, aun sabiendo que el perjudicado pueda ser yo; la belleza y la alegría de ver, aun sabiendo que muchas lágrimas brotarán de mis ojos; el amor por mi familia, aun sabiendo que ella muchas veces me exigirá esfuerzos increíbles para mantener la armonía. La voluntad de donar este enorme amor que está en mi corazón, aun sabiendo que muchas veces será rechazado; la voluntad de ser grande en el servicio, aun sabiendo que el mundo es muy grande y soy incapaz de llegar a todos. Y por encima de todo que yo jamás me olvide que tú, Dios mío, me amas infinitamente. Gracias, Señor, por todos los que viven así.

(CANTO)

Nos ayuda a vivir resucitados ¨El decálogo de la serenidad¨, vivido y escrito por San Juan XXIII.

  1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente este día, sin querer resolver de una sola vez el problema de mi vida.
  2. Solo por hoy pondré el mayor de los cuidados en mi aspecto, seré cortés en mis modales, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie salvo a mí mismo.
  3. Sólo por hoy me adecuaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adecúen a mis deseos.
  4. Sólo por hoy haré 10 minutos de buena lectura.
  5. Sólo por hoy haré una buena acción sin decirlo a nadie, si me siento ofendido procuraré que nadie lo sepa.
  6. Sólo por hoy seré feliz pensando en la felicidad eterna.
  7. Sólo por hoy me guardaré de dos calamidades, la prisa y la indecisión. Creeré que la providencia se ocupa de mí como si no hubiera otra persona en el mundo.
  8. Sólo por hoy no tendré temores y sobre todo no tendré miedo a gozar de lo bello y de creer en la bondad. Puedo hacer el bien durante este día, lo que me desalentaría sería pensar en tener que hacerlo durante toda mi vida.

(CANTO)

Desde hoy hasta el Domingo de Pentecostés, domingo 23 de mayo, los cristianos en muchos lugares se saludan con estas palabras:

“Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado”.

(CANTO)

Cuando el esposo y la esposa, los padres y los hijos, la suegra y la nuera, el suegro y el yerno, los hermanos, los vecinos, los amigos y hasta los enemigos se encuentren nos saludamos así:

“Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado”.

(CANTO)

Un cristiano nos habla de su Fe:

Yo sé que Cristo ha resucitado porque he experimentado su presencia. Experimento que soy amado, nunca me siento solo, siento gran amor a mis hermanos, vivo la experiencia y la cultura del perdón. He dejado de temer, incluso a la muerte. Mi rey es el amor, tengo paz y confianza y las transmito, noto siempre fresca la flor de la esperanza. Siento en mí una fuente de alegría que no se agota. En mis noches siempre me queda una luz, mis sufrimientos ya tienen sentido junto a la cruz. Hago míos los sufrimientos de dos hermanos. Creo en los ángeles del consuelo y la esperanza, no temo a los poderes del infierno, ni creo en el poder de los demonios; no me seducen los dioses de la tierra. Me encantan las bienaventuranzas, los pobres son mis preferidos, prefiero dar la vida antes que quitarla. Espero y adelanto el reino de la vida, espero el regreso triunfal de Jesucristo, me glorío en la cruz. Sólo espero en Jesús. Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado.

(CANTO)

Un día, hace muchos años, cien hombres sabios se habían reunido para discutir sobre las cosas más esenciales del mundo. Provenían de los lugares más apartados, hablaban diferentes lenguas, eran sabios en sus distintos campos, escudriñaban la sucesión de las cosas que acontecían en el mundo con mentalidades contrastantes. Nadie le hubiera dado razón a otro. A un cierto punto, uno de ellos propuso: “Ya que no logramos ponernos de acuerdo, tratemos de inspirarnos con una oración”. Algunos se irritaron, otros quedaron perplejos, pero la gran mayoría se mostró favorable. Entonces surgió otro problema, se estaba de acuerdo… pero, ¿qué fórmula adoptar? Los contrastes parecían emerger de nuevo hasta que el mismo proponente de antes dijo que existía una oración, quizás única en el mundo, que puede ser aceptada por todos, los creyentes de cualquier religión y en su materia esencial, cualquier filósofo, creyera o no. Y el proponente rezó junto con los demás:

(ORACIÓN DEL PADRENUESTRO)

En aquella reunión Cristo resucitó. Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado.

(CANTO)

Nos acercamos a Cristo rezando y cantando la Comunión Espiritual.

(CANTO)

Esta noche nos preguntamos, comentamos con la familia, cómo fue el encuentro de Cristo resucitado, cómo sucedió, qué gozo, que paz, qué felicidad para todos.

(CANTO)

Inclinamos la cabeza para recibir la bendición. Al final de cada invocación rezamos Amén.

El Dios que por la resurrección de su Unigénito nos ha redimido y adoptado como hijos, nos llene de alegría con sus bendiciones.

Amén.

Y ya que por la redención de Cristo recibieron el don de la libertad verdadera, por su bondad reciban también la felicidad eterna.

Amén.

Y pues confesando la fe, han resucitado con Cristo en el bautismo, por sus buenas obras merezcan ser admitidos en la patria del cielo.

Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sobre sus familias y permanezca para siempre.

Amén.

(CANTO)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del Arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García

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