RELIGIÓN
Domingo de Pascua
¡Aleluya! ¡Cristo vive, el Señor ha resucitado! Es el grito que resuena desde la Vigilia pascual en toda la Iglesia universal. Es la expresión de alegría y esperanza de todos los cristianos que celebramos con júbilo y gozo la resurrección de Jesucristo, su victoria sobre el pecado y la muerte, su paso de la muerte a la vida. En el tiempo pascual que hoy inauguramos, hemos de pedirle al Señor, como gracia y regalo suyo, que se nos “aparezca” también a nosotros, que nos toque el corazón, que ablande nuestras durezas, que cure nuestras heridas, que sane nuestras enfermedades, que nos haga sentir su presencia viva, todopoderosa y cercana, en medio de tanta miseria, sufrimiento, dolor y muerte. Sólo desde la experiencia del Resucitado podremos ser sus testigos, auténticos y fiables, como lo fueron también sus primeros discípulos; testigos de la luz que vence a las tinieblas, de la verdad que vence a la mentira, de la vida que vence a la muerte.
