Cáritas Cuba: “el 2020 nos ha marcado profundamente”

Texto y fotos: María Antonieta Colunga

Son las 9:00 a.m. y Maritza Sánchez Abillud se acomoda frente a la computadora para comenzar el día laboral. Entre este instante y las cinco de la tarde, responderá decenas de correos electrónicos, revisará presupuestos reacomodados, recibirá y efectuará un sinfín de llamadas desde o hacia cada una de las diócesis del país, corregirá las informaciones pendientes para publicarse en la página web institucional o en el perfil organizacional del Facebook, interrumpirá estas y otras labores con un “adelante” ante los frecuentes toques en su puerta, almorzará en su oficina para dar el ejemplo ante el distanciamiento férreo que ha impuesto al personal que dirige, sentirá en algún momento el sinsabor y la pesadumbre de las cosas que parecen no tener solución y entonces se encomendará a Jesús, para que los ilumine a ella y a su equipo en medio de estos días tan aciagos.

El 2020 ha sido un año insospechado, el año en que planificaba su retiro luego de más de dos décadas dirigiendo Cáritas Cuba y en el que le tocó, como ¿regalo? de despedida, hacer frente a la covid-19. Dios no le ha dado un respiro, como si la probara aún en el final de la larga carrera de su vida profesional. Maritza, con la energía y la fe que siempre la han caracterizado, no para. No ha parado de trabajar desde el día de marzo en que se decidió cerrar las dependencias de Cáritas, implementar el teletrabajo, sostener los servicios indispensables. Incluso en los momentos de la más estrecha cuarentena se ha mantenido yendo un día o dos a la semana a ese centro que es su segunda casa, y en la casa primera habrá de tener tantos papeles como acá, y tantas o más horas de labor acumuladas.

Hoy, a todo lo de siempre y a todo lo que ha ido apareciendo a causa de este año tan bisiesto, tendrá que sumar el responder cuatro preguntas que su comunicadora institucional ha depositado, casi con vergüenza, en su bandeja de mensajes. El mensaje electrónico dirá algo como “Maritza, cuando tenga un chancecito respóndame esto, por favor, es para la entrevista de Palabra Nueva”…

¿Cómo reajustó Cáritas Cuba su trabajo ante la llegada al país de la covid-19?

“El rol de la Oficina Nacional de Cáritas Cuba es estar al servicio de las Cáritas diocesanas para animarlas, acompañarlas, gestionar conocimientos y recursos necesarios; en fin, coordinar todo el quehacer para que la red funcione con espíritu de fraternidad cristiana.

”Desde el mes de marzo, cuando ya Europa estaba sufriendo el drama de la actual pandemia, comenzaron a llegar noticias y llamados de alerta desde Cáritas Internationalis y Cáritas de la Región de América Latina y el Caribe. También nuestros familiares y amigos, residentes en esos países, nos alertaban con angustia y preocupación para que nos cuidáramos, puesto que la entrada de la enfermedad al país resultaba inminente.

”Entonces decidimos suspender todos los encuentros que se habían programado, excepto el Consejo de Directores, que tuvo lugar entre el 18 y 19 de marzo en la Casa Laical y al que llegamos observando todas las medidas de protección que en ese momento consideramos pertinentes.

”Los acuerdos más relevantes de aquella reunión, relacionados con la situación de emergencia sanitaria que se nos venía encima, tomaron en cuenta las particularidades de nuestro contexto, que contribuía a acentuar la vulnerabilidad de los grupos meta de nuestra labor humanitaria. Específicamente las personas mayores, las personas con discapacidad y las afectadas por VIH-sida estaban comprendidas dentro de los grupos de mayor riesgo. Nuestros esfuerzos, como institución que encarna la labor social de la Iglesia católica, se dirigieron a no abandonar a los más necesitados y a cuidar de nuestro personal y, especialmente, de más de tres mil voluntarios que en su mayoría son personas mayores. No menos importancia dimos a contribuir a la responsabilidad cívica, elemento decisivo en el control de la trasmisión de la enfermedad.

”A partir de estas premisas, se decidió seguir una estrategia particularizada en cada diócesis, según su realidad. De manera general, se postergaron temporalmente servicios que no eran de extrema necesidad y podían poner en riesgo a los beneficiarios o a sus proveedores (como talleres de manualidades, repasos escolares para niños y adolescentes, grupos de animación para personas mayores, etc.), y se concentraron los esfuerzos, especialmente, en los servicios de alimentación (desayuno o comida) a las personas más necesitadas. En aquel momento no pasó por nuestras mentes cuán largo resultaría este tiempo premiado de incertidumbre y de miedos, oración y espera atenta; como tampoco sospechamos que sería, en igual medida, una etapa de crecimiento, creación e innovación y mucho trabajo”.

 

Al decidirse a sostener, incluso durante la cuarentena, aquella parte de sus servicios que son más vitales para los beneficiarios; ¿cuáles fueron para la institución los principales retos?

“Afrontar la covid-19 suponía una situación de emergencia, pero que no tiene nada que ver con nuestras habituales participaciones ante las provocadas por fenómenos atmosféricos, para lo que Cáritas tiene un plan nacional de respuesta.

”A todos nos costó y sigue costándonos asumir el comportamiento que esta realidad exige; aprender a trabajar desde nuestras casas, utilizando la telefonía fija y móvil como única alternativa para la información, el intercambio y la toma de decisiones; llenarnos de paciencia y serenidad ante la pésima conectividad del servicio de correo electrónico, que ha sido –junto a los grupos de WhatsApp– el medio de comunicación más utilizado.

”Como ya dije, optamos por mantener la atención a los más vulnerables y  consideramos de vital importancia los servicios de elaboración de alimentos del Programa de Personas Mayores. Para estos, fue necesario hacer modificaciones, tomando en cuenta varios aspectos relacionados con las características estructurales de los locales, número de beneficiarios, frecuencia y modo en que se ofrecía el servicio, recursos disponibles, etc. Es importante remarcar que, del voluntariado de este Programa, compuesto por unas 2 059 personas, más de 1 200 tienen 65 años y más; y que esta fracción más vulnerable se concentra, precisamente, en los servicios de elaboración de alimentos y lavado de ropa.

”Con el paso de los días, vimos con dolor que varios de nuestros servicios fueron colapsando, debido a la imposibilidad de adquirir alimentos en un mercado aún más desabastecido, con aglomeraciones y limitaciones de compra impuestas ante la carestía. La situación nos impedía comprar las cantidades de productos necesarios, pero cada diócesis y cada servicio buscó alternativas para no abandonar a los beneficiarios más desprotegidos. Algunas de las variantes fueron tratar de insertar a los más críticos en los Servicios de Atención a la Familia (SAF), aunque en muchos casos ya no tenían más capacidades; algunas familias en las comunidades asumieron compartir lo que tenían con beneficiarios cercanos a sus hogares; en otros casos, se llegó a acuerdos con servicios privados que estaban elaborando raciones para llevar y se acordaron precios que el presupuesto el Programa pudiera cubrir… en fin, hubo muchas iniciativas y muchos gestos de generosidad, pero incluso así no podíamos cubrir a todos. Entonces fue cuando decidimos entregar a los beneficiarios de aquellos comedores que ya no podían servir alimentos una cantidad de efectivo, de manera que ellos pudieran adquirir artículos de higiene y alimentos que se expendían en sus bodegas, controlados por la libreta de racionamiento, pero a precios no subsidiados, y que su poder adquisitivo no les permitía comprar. Así nos mantuvimos por varios meses, hasta que en la diócesis donde comenzó la desescalada hacia la nueva normalidad se comenzaron a reanimar estos servicios.

”Hasta el momento, no se ha podido alcanzar la calidad que tenían las raciones antes de la pandemia, y tampoco en muchos casos la frecuencia con la que se ofrecían, debido a que el mercado sigue desabastecido, los precios de los alimentos se han disparado y no tenemos acceso a importaciones ni al mercado mayorista.

”Las ayudas en efectivo y también materiales, aunque en menor medida, también llegaron a las familias de personas con discapacidad y de bajos recursos, para fortalecer su protección con artículos de higiene y alimentos”.

Maritza Sánchez Abillud

Dentro de todas las enseñanzas que va dejando el trabajo humanitario en situación de pandemia y post-pandemia, ¿cuáles son las más notables?

“La certeza de nuestra fragilidad y de la necesidad de Dios Padre Bueno; la necesidad como organización de desarrollar una capacidad creativa, innovadora, que nos permita reinventarnos en situaciones como estas; el uso de las tecnologías (desde el teléfono fijo hasta la telefonía móvil con todas sus ventajas), que ha sido fundamental para la red Cáritas, incluso en experiencias de acompañamiento, en experiencias de grupos que han generado nuevos espacios en la virtualidad para seguirse ‘viendo’, seguir interactuando, saber de la salud del otro, compartirse documentos, consejos, lecturas, oraciones, darse ánimo…

”La independencia de las diócesis y la praxis de una horizontalidad aún mayor en las estructuras de la organización, aunque es algo por lo que velamos siempre y que se impulsa desde la oficina nacional, en este tiempo hemos experimentado más la búsqueda de respuestas desde la base, el tener que resolver con gestiones e iniciativas propias.

”La falta de recursos a un nivel macro derivó en una mayor presencia de la Iglesia y la comunidad dando su aporte personal, cada quien en su radio de acción inmediato; hay muchas experiencias que implicaron a la comunidad (tanto de las parroquias como a los vecinos) en la labor de Cáritas.

”Y así, muchos otros signos que aseguraron que se cerraban los templos y no se podía celebrar la eucaristía, pero la Iglesia estaba abierta y haciendo presente a Jesús con los que más lo necesitaban”.

 

Y ante la nueva normalidad… ¿volvemos a ser los mismos?

“Esta realidad nos ha marcado profundamente. En estos días que vengo casi a diario a la oficina, me quedé mirando mi agenda de mesa, siempre tan socorrida al terminar el día para saber si hay algún compromiso al siguiente. Debajo de ella, lo que planificamos para este año 2020 en diciembre de 2019. Ambos intocados desde que comenzó la pandemia. Llevamos meses trabajando cada día lo que es necesario hacer para el momento, según se pueda, y tratando de asegurar el futuro, mediando entre las diócesis y nuestros colaboradores.

”A golpe de necesidad vamos asumiendo que no podemos venir al centro en la misma forma, porque debemos con responsabilidad seguir el protocolo de protección; que no podemos organizar encuentros presenciales, como acostumbrábamos, para formar, capacitar, evaluar, planificar, orar y discernir en los tiempos litúrgicos fuertes… ahora hay que buscar otras formas de hacerlo todo, porque lo que no se puede es dejar de hacer, y evaluar y aprender de esas nuevas formas.

”Esta situación nos ha sacado de los esquemas y han proliferado los grupos de WhatsApp, los talleres virtuales con disímiles metodologías. En las diócesis, el acompañamiento ha sido el gran protagonista de estos tiempos. Los encuentros para formar resultan mucho más cercanos, al tener que organizarlos localmente con pocas personas, y los equipos de formación diocesanos han tenido que trabajar fuerte para adaptar los contenidos y la metodología a cada realidad.

”Damos gracias a Dios por todos los que no se han resistido a la necesidad de reinvertirse y reinventar con la humildad y entrega que las circunstancias demandan.

”Damos gracias a todos nuestros colaboradores en Europa y Estados Unidos, porque a pesar de que sus países han sido profundamente afectados, se han mantenido cercanos y con las manos extendidas para seguir acompañándonos y apoyándonos con recursos que escasean para todos, compartiendo y unidos en comunión para que el Señor se haga presente en medio de tantas angustias, nos proteja y nos guíe.

”Gracias a María, nuestra Madre del Cielo, que nos alcanza de su hijo protección ante la enfermedad; y a todas las personas que, venciendo el miedo al contagio y sirviendo con responsabilidad, han sido las manos misericordiosas de Dios.

”En ese Dios, Padre Bueno, espero que salgamos de este tiempo siendo mejores, que así sea”. Ω

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