Sexto Domingo de Pascua

Por: padre José Miguel González Martín

Palabra de Hoy
Palabra de Hoy

9 de mayo de 2021

Dios no hace acepción de personas.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

“Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado”.

 

Lecturas

 

Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciéndole:
“Levántate, que soy un hombre como tú”.
Pedro tomó la palabra y dijo:
“Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”.
Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios.
Entonces Pedro añadió:
“¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?”
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos.

 

Salmo

Sal. 97, 1. 2-3ab. 3cd-4.

  1. El Señor revela a las naciones su salvación.

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. R.

 

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
“Como el Padre me ha amado, así les he amado yo; permanezcan en mi amor.
Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
Ya no les llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes les llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.
De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre se lo dé.
Esto les mando: que se amen unos a otros”.

 

Comentario

 

En la Palabra de Dios de hoy aparece un nuevo protagonista que, quizás hasta ahora, en este tiempo pascual, nos había pasado desapercibido: el Espíritu Santo, que va guiando constantemente a los primeros cristianos para el crecimiento de la Iglesia. En este libro de los Hechos de los Apóstoles, que el Papa Francisco llama libro de cabecera de los discípulos misioneros, es el Espíritu Santo el agente principal de la misión. Las dificultades que tuvieron los apóstoles para aquilatar la identidad propia del cristianismo frente a las tradiciones judías, los recelos, los obstáculos, las persecuciones, incluso las contradicciones internas, fueron siendo superadas poco a poco desde la humildad y la docilidad al Espíritu Santo.

En el texto de la primera lectura de hoy se nos presenta a Pedro en Cesarea, una ciudad construida y habitada por romanos, por tanto, paganos, en la casa de Cornelio, jefe de milicia, a la que había sido invitado para hablar de Cristo. Estando allí sucede que, incluso antes de recibir el bautismo, bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban a Pedro. Es el pasaje que los biblistas llaman el “pentecostés pagano”. Ciertamente, Dios no hace acepción de personas y da su Espíritu a quienes le abren el corazón. Es un pasaje que ilumina de manera especial el caminar diario de nuestra Iglesia, que ha de buscar la pauta de su acción evangelizadora en los primeros pasos de la Iglesia de los Apóstoles. También hoy Dios Padre, por medio de Cristo resucitado, quiere seguir dando su Espíritu a aquellos que le buscan con sincero corazón, aunque todavía no hayan recibido el bautismo y, por tanto, pertenezcan formalmente a la Iglesia. Nosotros, como cristianos ya bautizados, hemos de estar constantemente pidiendo a Dios su Espíritu Santo, para que guíe nuestros pasos, tanto en lo personal como en lo que se refiere a la edificación del Reino y el crecimiento de la Iglesia. Que, si Dios no hace acepción de personas y da su Espíritu con libertad, también nosotros vivamos sin discriminar, juzgar o coartar la libre acción de Dios por medio de su Espíritu.

En la segunda lectura nos encontramos con el pasaje central de la primera carta de San Juan. La carta nos ofrece una de las reflexiones más impresionantes sobre el Dios cristiano: es el Dios del amor. El amor viene de Dios, nace en él y se comunica a todos sus hijos. Por eso, la vida cristiana debe ser la praxis del amor. Si verdaderamente queremos saber quién es Dios, este texto nos ofrece un camino concreto: aprendiendo a ser hijos suyos; pero ¿cómo?: amando a los hermanos.

Tres palabras clave encontramos en la Biblia que definen a Dios y nos ayudan a comprender quién es y qué espera de nosotros: Creador, Padre y Amor. Cada una de ellas se despliega en multitud de contenidos. Pero quizás la última es la que más nos afecta, en cuanto que no sólo define la esencia de Dios sino también la nuestra. Todo ser humano, creado por Dios a su imagen y semejanza, está hecho para amar. Amor es la esencia de Dios, pero también la nuestra. Cuando el Señor nos pide que nos amemos, simplemente nos pide que seamos y vivamos aquello para lo que hemos sido creados… para amar.

Y esto lo hemos conocido por medio de Jesucristo en quien Dios nos ha amado hasta el extremo, en quien se nos ha manifestado que Dios nos ama primero, antes incluso de crearnos y, por supuesto, de que nosotros le conozcamos y amemos a Él.

De nuevo, en el evangelio de hoy, aparece el verbo “permanecer” varias veces. Jesús nos invita a permanecer en su amor guardando sus mandamientos, como Él permanece en el amor del Padre, cumpliendo su voluntad. Permanecer en el amor de Cristo significa dejarnos invadir y guiar por su Espíritu, ser fieles a sus mandatos, pertenecer activamente a su Iglesia, estar dispuestos a cumplir, en todo, su voluntad, mantenernos a la escucha de lo que Él desea de cada uno de nosotros en cada momento. Tantas veces el golpeteo de la vida quiere llevarnos por otros derroteros, siembra la duda y la zozobra en nuestros corazones, nos empuja a terrenos pantanosos. Permanecer en Cristo, sin alejarnos de Él, sin abandonarle, sin traicionarle, sigue siendo el reto diario de cada cristiano que quiere ser verdadero discípulo y misionero de Cristo en el lugar concreto donde Él nos ha puesto.

En el evangelio de hoy el Señor nos sigue diciendo cosas bellísimas y muy importantes para nuestra vida cristiana que, más que comentar, hay que meditar frente a Él, que nos ha amado y elegido primero, que nos llama amigos, que ha dado la vida y la sigue dando por cada uno de nosotros. No nos pide imposibles o exageraciones, heroicidades o excentricidades; nos pide algo que está a nuestro alcance, algo que no es difícil, algo para lo que nos ha creado; nos pide que nos amemos como hermanos, como Él nos ha amado y nos sigue amando. En el amor total encontraremos la medicina para todos nuestros males.

Muy en consonancia con esta Palabra de hoy está la figura de la madre. Madre es sinónimo de amor; la madre es quien primero nos ha amado como seres humanos, incluso antes de nacer, y a quien primero hemos amado y de quien hemos aprendido a amar. Hoy en Cuba, como en otros países de Latinoamérica, se celebra el día de la Madre. El domingo pasado lo celebramos en España. Muchos recordarán a las madres difuntas con un pensamiento y una oración. También felicitarán a sus mamás con algún obsequio, aunque sea humilde. Hay muchas formas de ser madres, pero todas ellas tienen un denominador y una expresión común. El denominador común es que encarnan, consciente o inconscientemente, el amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros por habernos creado, por ser sus hijos; y, efectivamente, cualquier verdadera madre expresa en sus sentimientos, gestos, palabras, sonrisas, acciones, trabajos, sacrificios… el amor paternal y maternal que Dios derrama sobre sus hijos e hijas a través de ellas.

Y por si en algún caso esto no fuera así, el Señor nos ha dejado a su Madre, a su propia mamá, para que sea madre de todos y cada uno. Madre con un rostro y nombre distinto en cada país o región. En Cuba es nuestra Madre de la Caridad… que significa amor. Amor con amor se paga. Que nunca nos olvidemos de nuestras madres. Que siempre recordemos que Dios, que es Amor, nos muestra su amor por medio de su Madre, también nuestra, María.

 

Oración

 

Oración por las Madres

Padre de amor, que quisiste hacer a las mamás, colaboradoras tuyas en la hermosa tarea de la concepción y el cuidado de la vida de los seres humanos que con tanto amor creas cada día, escucha nuestra oración.

Te pedimos, Padre, por todas las mamás del mundo, para que tomen conciencia de la bella misión que les confiaste, y sepan cumplirla cabalmente, con amor y dedicación, alegría y esperanza, siguiendo el ejemplo de María, la Madre de Jesús, tu Hijo amado.

Fortalécelas con los dones de tu amor compasivo y misericordioso, para que puedan ser para sus hijos e hijas, verdaderas maestras y guías en el camino de la vida, y superando con paciencia y vigor, sus limitaciones y dificultades, les den siempre lo mejor de sí mismas con entusiasmo y generosidad.

Llena sus corazones con tu ternura, para que puedan secar con ella las lágrimas de sus hijos. Abrázalas fuerte, para que sean capaces de llevarlos con amorosa autoridad por el camino que conduce a Ti.

De una manera especial te pedimos, por aquellas mamás que, por diversas circunstancias, viven momentos de dificultad, y se sienten temerosas y sin fuerzas para seguir adelante.

Confiamos a tus manos de Padre a las mamás víctimas de la injusticia y la violencia, que, en cualquier lugar del mundo, huyen de sus hogares, para salvar su vida y la vida de sus hijos, con la esperanza de poder construir para ellos un futuro de paz y prosperidad.

A las mamás adolescentes que se ven sorprendidas por su precoz maternidad.

A las mamás de hijos enfermos o discapacitados que luchan por sacarlos adelante.

A las mamás de hijos difíciles.

A las que se sienten solas, a las que están enfermas, a las que viven en la pobreza,

a las que tienen miedo, a las que han sido abandonadas por sus esposos y compañeros,

a las que son ofendidas por sus hijos, a las que nadie reconoce sus muchos sacrificios,

a las que deben enfrentar cada día multitud de problemas que nosotros, en medio de la comodidad de nuestra vida, no logramos siquiera imaginar.

Bendice, Padre a todas las madres.

Bendice a las madres vivas y difuntas de quienes nos dirigimos a Ti.

Y bendícenos a todos nosotros con tu amor de Padre y Madre, que nos protege de todos los peligros, nos guía por el camino de la vida, nos cuida y fortalece, perdona nuestros pecados y sana nuestras miserias. Amén.

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