Vencido su cuerpo por la covid-19, enterrada en la bóveda de una amiga, en un cementerio enyerbado y sin aceras, María Teresa Varela Suárez (Mayte), Hermanita de Jesús, ha sido la viva imagen de la pobreza. Sin embargo -asegura quien escribe estas líneas-, “su túnica no se ha manchado ni su pie se ha lastimado”, porque su fe y su hermandad con Jesús permanecieron intactas a pesar del miedo que sintió cuando entró a la Terapia Intensiva, o de los momentos difíciles que tuvo su vida anterior: esa fe y esa hermandad son “el pie” y “la túnica” de que habla el autor sagrado, conservarlos es la verdadera protección que Dios brinda a quienes deciden aceptar su amistad o cumplir sus mandatos, dicho en lenguaje bíblico. “Mayte me ayudó a entender que la vida es, precisamente, el camino escabroso hacia la Luz, con la sombra a tu espalda: esas sombras de la envidia, el resentimiento, el miedo o la opresión. Como si fuera poco, me ayudó a cargar con las consecuencias de caminar hacia esa Luz en Cuba”.
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